CAPÍTULO SEIS
EL ISLAM EN LA ACTUALIDAD CUBANA

Ing. Andrea Morales Mesa

ABSTRACT

There is a current shortage of qualitative investigations on Islamic communities in Latin America. The aim of this study is to narrow the gap by presenting the results of field research and historical investigation of Islam in Cuba. The Muslim faith, both Shiite and Sunni, is an emerging belief system in Cuba. There are particular socio-psychological factors that help understand why, until recently, Islam had not been practiced as an organized religion. Nevertheless, it has been present both culturally and historically as it has been practiced privately. This paper provides updated statistics and ethnographic data; it also describes the relationships between Islam and other faiths, as well as the role of Cuba's women in liturgy and religious life.

Dentro del complejo campo religioso conformado en la sociedad cubana a través de sus diferentes etapas sociohistóricas, el Islam no ha sido practicado en formas organizadas sino hasta muy recientemente. La influencia del Islam tuvo acceso a Cuba por diferentes vías, tanto a través de la cultura hispánica, como de la arábiga y, menos perceptible,por aportes de diferentes pueblos del África subsahariana occidental, importados a la fuerza por los esclavistas en tiempos de la trata, los cuales a propósito fueron bastante prolongados en Cuba.

Esta incorporación tardía del islamismo a la cultura cubana no es un fenómeno sin historia, pues un examen en el devenir posterior al establecimiento europeo —a partir del siglo XVI— permite constatar antecedentes. La organización de prácticas islámicas en la década de los noventa del pasado siglo, en condiciones de una crisis esencialmente económica, aunque con repercusiones en otros campos, acompañada de un notable auge religioso, responde a un conjunto variado de factores.

Son justamente estos aspectos los que pretendo analizar en este trabajo, con el propósito central de explicar el establecimiento organizado de esta religión en Cuba y, muy brevemente, sus consiguientes derivaciones.

ANTECEDENTES ÁRABE-ISLÁMICOS EN CUBA

La derrota del dominio árabe-islámico a manos del reinado católico de Isabel y Fernando en el año 1492, puso fin a ocho siglos de permanencia musulmana en la península ibérica. Ese hecho provocó la persecución implacable de los moriscos1. Por dicha razón, muchos de ellos se vieron involucrados en las diferentes expediciones que partieron hacia el Nuevo Mundo.

La presencia de esclavos practicantes del Islam en Cuba se originó por las diferentes incursiones de las flotas navales hispánicas en la parte septentrional africana, con el fin de capturar esclavos para enviarlos en las expediciones hacia las nuevas tierras conquistadas, por lo que moriscos fugados de la península hacia esa parte musulmana, árabes y berberíes2 fueron capturados. Sobre los berberíes como esclavos hay una rica referencia en la obra de Fernando Ortiz, uno de los más prolíferos estudiosos de la cultura cubana y de la influencia africana en ella, calificado por tal razón como otro de los “descubridores” de Cuba (Ortiz, 1987:43).

Esta presencia esclava musulmana no fue tan notoria como la que sucedería posteriormente, ya que años más tarde estos cautivos ganaron su libertad y se mezclaron con la población de aquella época. Rigoberto Menéndez ofrece datos interesantes en sus estudios sobre la presencia árabe en Cuba, éste señala al respecto que “en los libros bautismales de la Catedral de La Habana aparecen las primeras huellas de la presencia morisca en el siglo XVI” (Menéndez, 1999:17). Esta cultura, aunque imperceptible, sentó bases en nuestra incipiente sociedad y dejó su huella tanto en la lingüística como en la arquitectura.

 

1 Morisco: término que se empleó para identificar a los hispano-musulmanes que perdieron el poder político cuando los católicos reconquistaron la península ibérica.

2 Berberíes: pueblos del Magreb.

 

La influencia de la lengua árabe en el castellano es incuestionable y, a pesar de los años transcurridos, perdura en nuestro idioma, en el cual se calculan aproximadamente cinco mil vocablos de origen árabe, aunque modificados por los cambios lógicos de toda transculturación (Menéndez, 1999:23). Destacados lingüistas han descubierto en los cubanismos —así catalogados por Fernando Ortiz— gran variedad de voces árabes (S. Fanjul, 1996:15-16). Baste señalar, a modo de ejemplo, la expresión recurrente “ojalá” que no es más que Oh Alah, quiera Dios, usada en toda América por creyentes de diferente fe religiosa o por los que no practican ninguna.

La arquitectura latinoamericana está de cierta manera vinculada a la del sur de la península ibérica. Cabe destacar lo expresado por el etnólogo cubano Jesús Guanche: “El 36.9% de la inmigración hispánica a América entre 1492 y 1600 provenía de Andalucía, por lo que podemos inferir la influencia morisca en el estilo arquitectónico denominado mudéjar3, que tuvo su mayor florecimiento en Cuba en el siglo XVII” (Guanche, 1998:27). Dentro de la arquitectura religiosa, tanto en La Habana como en diferentes ciudades del interior del país, podemos citar las iglesias del Espíritu Santo, Santo Domingo, el convento de San Francisco (estas dos últimas, edificaciones en Guanabacoa), la iglesia de Santa María del Rosario, la parroquia de Remedios, entre otras, y las construcciones civiles como las de Tacón No. 12 y Oficios No. 12. Son notables también en las obras arquitectónicas del siglo XVIII, tanto religiosas como domésticas, la carpintería morisca.

Algunos de los hombres traídos como esclavos de diferentes regiones del continente africano, en el que el Islam había hecho su entrada entre los siglos IX y XII, ya venían islamizados. Otros eran portadores de elementos de esta religión, debido a los años de convivencia con pueblos islámicos. Fernando Ortiz (1986:38) señala la entrada a Cuba de esclavos mandingas procedentes de la costa occidental africana, los cuales sabían leer y escribir la lengua árabe.

3 Mudéjar: estilo arquitectónico que combina elementos árabe-islámicos e hispánicos.

 

Algunos etnólogos le atribuyen el tradicional saludo musulmán “As Salamu aleikum” (la paz sea con usted) de los practicantes de la Regla Conga o Bantú, o más popularmente conocida como Palo Monte4, a los mandingas. Otros autores sugieren que pudo haber entrado por la vía de los esclavos árabes y berberíes norafricanos practicantes del Islam.

En otras religiones de origen africano presentes en Cuba, como la Regla Ocha de origen yoruba, se pueden apreciar ciertos rasgos islámicos, como la vestimenta de los sacerdotes de Ifá, denominados babalawos, la cual es parecida al atuendo islámico, asimismo realizan sus ritos y ceremonias descalzos y en algunos casos sobre esteras. Las mujeres que practican esa religión se encuentran limitadas para realizar ciertas actividades litúrgicas cuando están en el proceso de la menstruación, costumbre que también se observa en el Islam.

En la segunda mitad del siglo XIX, y más aún en el XX las condiciones adversas producidas por el despotismo de los gobernantes turcos, creó una tensa situación política, económica y religiosa en todos sus territorios, provocando la salida de sus lugares de origen de muchos árabes del Líbano, Palestina, Siria, Irak, y Egipto, entre otros, con el propósito de mejorar su situación económica. Este flujo de inmigrantes alcanzó a Cuba y los árabes se dispersaron por todo el país, dedicándose la mayoría de ellos a la actividad mercantil en pequeña escala.

Esta inmigración de árabes se caracterizó por ser multiconfesional con predominio cristiano ortodoxo; no obstante, vinieron también musulmanes que realizaban sus prácticas religiosas de forma individual. Otros se convirtieron al catolicismo y muy pocos enseñaron a sus descendientes sus tradicionales prácticas islámicas. Aún quedan, sin embargo, las huellas de esa emigración musulmana.

4 Palo Monte: rito afro-cubano popular en varias partes del Caribe.

INCREMENTO RELIGIOSO EN MOMENTOS DE CRISIS SOCIAL

En el ambiente sociológico, es comúnmente aceptado que en momentos de desequilibrios económicos, políticos y sociales significativos, o catástrofes naturales, entre otros, el ser humano por lo general se refugia en las religiones, ya sea en las tradicionales o en otras que satisfagan sus necesidades espirituales.

Cuba no es ajena a estos problemas que afectan a muchas regiones del orbe y, producto de desajustes económicos, debidos, entre otros factores, a la desintegración del campo socialista europeo —con el cual tenía su mayor intercambio comercial— a finales de la década de los ochenta, se vio sumergida a lo largo de los noventa, en especial en su primera mitad, en problemas económicos serios, fase a la cual se le denominó como “período especial”.

Refiriéndose a esta etapa de desequilibrio económico del país, Jorge Ramírez (1996:10) comenta: “...una derivación de las consecuencias del período especial es un notable reactivamiento religioso constatable en un conjunto de indicadores cuantitativos y más aún cualitativos”, entre los que podemos señalar como más notorios el incremento de feligreses en las diferentes denominaciones religiosas tradicionales, la entrada al país de practicas religiosas que aunque se conocían, no se practicaban, y de otras desconocidas para la población cubana, las cuales han sido acogidas por personas en proceso de búsqueda de un espacio que satisficiera sus necesidades espirituales, y en algunos casos tal vez por la novedad de lo exótico. En este contexto económico-social hace su entrada a Cuba el Islam como religión formalmente organizada.

LA COMUNIDAD ISLÁMICA CUBANA

El primer núcleo islámico organizado comenzó por iniciativa de Pedro Lazo, quien por azar encontró un ejemplar del Corán y, dado que hacía años se encontraba en busca de un espacio espiritual, lo leyó con interés. Sobre este encuentro con una religión para él desconocida, Lazo ha dicho: “Llegué a comprender el Islam y aceptarlo como fe revelada”. Desde entonces se vinculó a estudiantes y personal extranjero musulmán, los cuales le ofrecieron literatura y ayuda práctica sobre su religión. Con ello fue creando una base teológica que lo impulsó a realizar en el año de 1990 su conversión.

A partir de esta primera conversión surgió en sus familiares cercanos, amigos y vecinos, interés por conocer el Islam, lo que devino en un incremento de miembros para la incipiente comunidad.

Pero no fue sino hasta 1992 que se logró una mayor aceptación de religión. Bien sea porque las ya existentes no satisfacían sus necesidades espirituales o los preceptos islámicos les eran más afines o, quizás, ha influido la novedad de que actualmente se ha observado un incremento, aunque discreto, en su feligresía.

Al igual que el pionero Pedro Lazo, muchos de los primeros conversos fueron negros, y el incremento inicial del Islam se dio en ese sector de la población, abarcando asimismo municipios y barrios con predominio de afrocubanos. Este hecho fue meramente circunstancial, habiendo variado con la incorporación de personas provenientes de raza blanca y mestizos de diferentes localidades. Esta vinculación inicial del Islam con sectores afrocubanos no debe en modo alguno confundirse con lo que aconteció en Estados Unidos con el movimiento denominado Nación del Islam, organización que agrupa fundamentalmente a negros por una coyuntura especial dentro de ese país, el cual no tiene ninguna relación con el surgimiento del Islam en Cuba. Hay que destacar que el Islam ortodoxo proclama que todos los hombres son iguales y sólo se distinguen unos de otros por el grado de piedad que tengan ante sus semejantes.

La incorporación del Islam en Cuba no sólo ha ocurrido en la capital, se ha extendido además hasta el interior del país. Actualmente, según González (2001:4) la comunidad islámica cubana cuenta con 556 miembros inscritos en sus registros, en los cuales se observa que la mayor parte de ellos radica en Ciudad Habana, donde hay 382 practicantes, mientras que en las demás provincias están distribuidos de la siguiente forma: Camagüey, 48; Isla de la Juventud, 40; Villa Clara, 34; Santiago de Cuba, 22; Matanzas, 18, y Cienfuegos, 12 .

A los interesados en integrar la naciente comunidad islámica se les prepara, instruyéndolos en los principios básicos de la religión, fundamentalmente en los Cinco Pilares: la unicidad de Dios y la aceptación de Muhammad como su profeta, los cinco rezos diarios, el ayuno, la caridad y la peregrinación a La Meca, si es posible, y si la salud y los recursos económicos lo permiten. Si los aspirantes pueden entender y aceptar esto, se produce su conversión al Islam.

Los musulmanes cubanos han recibido el apoyo de comunidadesislámicas de los Emiratos Árabes, Qatar, Canadá, Panamá y Brasil, entre otros, las cuales les han suministrado textos del Corán, hadices y literatura general referente al Islam. Les han brindado asimismo charlas sobre cultura y tradiciones islámicas, y han visitado a los musulmanes de diferentes ciudades cubanas, ofreciéndoles literatura y sus conocimientos sobre la religión.

En Cuba no existen mezquitas. Como se ha explicado con anterioridad, el Islam no existió de manera organizada dentro de las prácticas religiosas del pueblo cubano, sino hasta principios de la década de los noventa, cuando comenzó sus prácticas de forma grupal. No obstante, los musulmanes cubanos realizan sus actividades litúrgicas en las casas de los practicantes cubanos más conocedores de la religión. Pero hay una en particular que ha sido tomada simbólicamente como mezquita. La han denominado “de La Piedad” y es ahí, por lo general, a donde concurre la mayoría de los musulmanes cubanos y extranjeros que residen en el país a realizar sus reuniones de los viernes, estudiar el Corán y otras actividades propias de esta religión.

Desde sus inicios, la comunidad islámica cubana observó el ayuno del mes del Ramadán, así como el sacrificio que se hace para el final de la peregrinación. Además celebran al final de cada uno de ellos las dos principales festividades de estos dos acontecimientos. Ambas solían efectuarse en locales pequeños, pero desde el año 2000 se realizan en centros de recreo populares al aire libre con capacidad para acoger a la mayoría de sus miembros e invitados, que se dan cita para celebrar en colectividad esas importantes festividades religiosas.

Dentro de la joven comunidad musulmana cubana existen ya actualmente las dos principales escuelas de pensamiento islámico: la sunnita y la chiíta. La mayoría es sunnita. En las festividades antes mencionadas se unen para celebrar juntos. A su vez, los chiítas invitan a los sunnitas cuando realizan alguna actividad importante. En general, los musulmanes cubanos tienen un sentido ecuménico, mantienen relaciones con diferentes instituciones y denominaciones religiosas y participan en sus conferencias, seminarios, talleres y actividades culturales.

En la joven comunidad islámica cubana, aún no se puede defi nir cuál es la escuela de jurisprudencia islámica que predomina, algunos expertos creen que hay una tendencia de la escuela malikita y de la shafiita. Sin embargo, creo que es muy prematuro ofrecer una definición al respecto. Esto debido al poco tiempo que lleva la comunidad y por las diversas influencias que tiene de las comunidades islámicas árabes, africanas y latinoamericanas.

LA MUJER MUSULMANA CUBANA

Dentro de la comunidad islámica cubana también existe presencia femenina, por lo general se trata de familiares cercanas de los musulmanes. Ellas se encuentran activas en sus prácticas religiosas, se reúnen una vez al mes para estudiar un tema coránico o algunos hadices o para discutir aspectos de interés femenino. No obstante, hay algunas tradiciones que no observan de forma ortodoxa como es el de la vestimenta islámica. Esto se debe al clima, unido a las agitadas actividades cotidianas y también a que aún no se encuentran arraigadas esas costumbres islámicas en sus tradiciones. No obstante, se observa un interés en ampliar sus conocimientos teóricos y prácticos del Islam.

Paralelo a sus actividades religiosas, la mayoría de las musulmanas cubanas se encuentran incorporadas al proceso laboral, educacional y político del país. En una muestra de 42 mujeres de la población musulmana femenina cubanas, la doctora Fátima Linares (2000:8) aplicó una encuesta exploratoria para conocer ciertos datos sociodemográficos. En la muestra se constató diversidad de edades, un nivel educacional que se mueve entre secundaria, enseñanza media superior y universitaria, mientras que por ocupación se encontraron diversas categorías: técnico medio, profesionales, obreras calificadas y amas de casa.

En la sociedad cubana actual, la mujer tiene ciertas facilidades para integrarse a la vida laboral activa y no pesan sobre ella limitaciones particulares para desarrollar sus potenciales intelectuales. A la vez, en el Islam no existen trabas para que la mujer pueda incorporarse a cualquier actividad que pueda llevar a cabo. Estos dos importantes elementos se conjugan en la mujer musulmana cubana para poder desempeñar cualquier actividad. De hecho, participa en diferentes ramas de la economía así como dentro del ámbito de la política en el marco de la sociedad cubana contemporánea.

A pesar de que la comunidad islámica cubana aún no se encuentra formalmente reconocida en el país ante el gobierno, realiza todas sus actividades litúrgicas, recibe misiones de musulmanes de diferentes partes del mundo, efectúa reuniones, estudios coránicos semanales y festividades religiosas sin ningún tipo de interferencia estatal. Sus miembros se encuentran ubicados en la vida activa del país, lo mismo económica y política que cultural. No hay duda de que la comunidad islámica cubana, a pesar del poco tiempo que lleva de constituida, se ha desarrollado y ha ganado en conocimiento teológico y práctico. Sus miembros expresan un concepto ecuménico positivo y, en particular, se advierte la intención de alcanzar un mayor espacio en el contexto religioso y cultural de la sociedad cubana contemporánea.

BIBLIOGRAFÍA

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La autora, Andrea Morales Mesa, es investigadora y especialista en Islam en el Departamento de Estudios Socioreligiosos del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS) en La Habana, Cuba.