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CAPÍTULO SIETE LA NUEVA JIHAD : PERCEPCIONES Y PROBLEMAS TEÓRICOS
Dr. Jorge Erdely ABSTRACT This study hypothesizes that the failure of the CIA and the FBI to prevent the events of September 11 was due to a sociological conditions known as interpretative denial. In this case, the condition was generated by relying on biased western methodological and theoretical models to analyze information. The authors examine major theoretical problems concerning these paradigms and general obstacles to perceive the other, all significant to September 11. They look at interdisciplinary models which are better fitted to deal with the complexities of globalized realities, paying close attention to the interaction between theology, sociology and psychology so as to better understand and predict behaviors of organizations such as Al-Qaeda. Cultural context, religiosity and notions of the sacred need to be taken much more seriously when studying religious based terrorism. Moreover, the very fact that there is a disposition in the media and the academia to ignore or down play the role of religious factors in the genesis of September 11, warrants the questions this essay raises. Finally, it is argued that attempts to reduce the causes 9/11 to merely socio-economics and political factors, limits discussion of the events and is contrary to scientific inquiry. La falta de entendimiento de los pueblos árabes en Occidente en el siglo XXI, y el énfasis en la ideología y práctica del desarrollo capitalista y secular, prometen ser las principales causas de la próxima guerra mundial. Majid Rahnema INTRODUCCIÓN Este trabajo presenta conclusiones diametralmente opuestas al consenso que parece estar arraigándose en algunos círculos intelectuales sobre las principales causas de los atentados simultáneos registrados el 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. Para la construcción de dicho consenso se propone como causa primaria una tríada: las inequidades socioeconómicas, las afrentas culturales y las políticas estadounidenses en el Medio Oriente. Sin pretender soslayar esas dimensiones del conflicto, los autores pensamos que dichas conclusiones —cuando se llegan a articular de manera coherente, pues a menudo se repiten como meros aforismos— son el resultado de análisis con serias fallas metodológicas. Si algún ámbito del quehacer humano ha evidenciado su pobreza en el contexto del 11 de septiembre, ha sido el terreno conceptual. Al respecto, dos cosas han llamado poderosamente la atención de los autores de este artículo durante el último año. Una, el apresuramiento con que se intenta establecer en la opinión pública y la academia la idea de que el origen del ataque al World Trade Center es eminentemente político-económico —y eso definido desde el punto de vista ortodoxamente occidental— y los esfuerzos para encauzar sólo por allí, la discusión. De inicio, tales dogmatismos y apriorismos son por demás ajenos al inquirir científico. La otra, es la ausencia de preguntas obvias muy relevantes tanto en la discusión pública como la especializada. En ese sentido, los silencios del 11 de septiembre son tal vez más elocuentes que las montañas de texto, imágenes, y sound-bites que desde entonces se han acumulado. El callar lo evidente, así como los incesantes esfuerzos por encauzar la discusión en una sola dirección a exclusión de otras, tienen explicaciones posibles1. Algunas como el pragmatismo político y aun consideraciones de seguridad pública son obvias y comprensibles. Científicamente, sin embargo, son siempre inaceptables. Nuestra hipótesis es que en el ataque al Word Trade Center, el 11 de septiembre, el factor religioso no fue un elemento periférico, mucho menos marginal, sino más bien central. Más aún, los resultados iniciales de nuestra investigación sugieren que es el factor crucial para entender lo ocurrido. La religiosidad personal de Osama bin Laden, de Al-Qaeda, en el Talibán, en los terroristas suicidas que piloteaban los aviones, y en los principales actores que colaboraron en los ataques, es el eslabón que permite explicar el atentado al World Trade Center. Esta discusión indispensable se necesita insertar en un marco conceptual más amplio que el que nos ofrecen modelos teóricos inflexibles, y hasta cierto punto obsoletos, para tratar de explicar las realidades globalizadas. Partimos, pues, de que los paradigmas privilegiados hasta hoy en Occidente son insuficientes —y ejemplo de ello es el estrepitoso fracaso de las agencias de inteligencia estadounidenses, que basaron sus modelos analíticos en ellos— para comprender las realidades que se le vienen encima. Ante este hecho es necesario hacerse muchas preguntas. No pretendemos plantearlas todas, tampoco proponer un marco teórico acabado. Ni el espacio ni el estado preliminar de nuestras investigaciones lo permitirían. Más bien, nuestro objetivo en este ensayo es señalar la insuficiencia de los modelos teóricos que se están privilegiando, contrastándolos con otras posibilidades. Pretendemos con esto, primero, estimular un ejercicio serio de autocrítica y abrir el rígido y arrogante modelo unidisciplinario que pretende reducir la realidad, como en la antigua leyenda del Udana hindú sobre los ciegos que palpaban sólo partes del elefante2, a la perspectiva de x o y disciplina —por lo general la propia—, o la favorita en turno de la cultura intelectual dominante en determinada localidad geográfica.
1 La tendencia ha sido notoria en los medios de comunicación. Un ejemplo interesanteen la academia es el del historiador Jean-Francois Mayer y Hal Mansfield: “Cults and Terrorism: Similarities and Differences” June 14, AFF 2002 Annual Conference, Orlando, Florida. 2 La leyenda de los ciegos y el elefante proviene del Udana, texto canónico budista escrito originalmente en Pali. Fue introducido al pensamiento islámico por el filósofo sufita Muhammed Al Ghazzali en el siglo XII e.C. Al respecto véase: T.W.R. Davids, “Does Al Ghazzali use an Indian Metaphor?”, Journal of the Royal Asiatic Society, 1911; pp. 200-201.
Una de las preguntas que nos hemos planteado es si el silencio generalizado alrededor de la preeminencia del factor religioso en el 11 de septiembre no se debe a que es un golpe más para el positivismo. O si se deba quizás a que muchos intelectuales en Occidente se niegan a creer que exista gente que actúe motivada principalmente por razones religiosas, por más bizarras que éstas nos parezcan. Estos cuestionamientos no son mutuamente excluyentes. Considérense, por ejemplo, la gran cantidad de textos, discursos, cartas, y declaraciones públicas con contenido marcadamente religioso de Osama bin Laden y asociados cercanos. ¿Por qué esa escasez de trabajos que incorporen el análisis de discursos de dichos textos? ¿Por qué —nos preguntamos también— se tiene la idea de que el 11 de septiembre fue el inicio de algo y no como es evidente, que fue un escalón más en un conflicto armado en escala ascendente? ¿Por qué oímos tan poco en los medios de comunicación —no se diga en la academia y en los organismos internacionales de derechos humanos— de las brutales campañas de limpieza étnico-religiosa como las que ha venido realizando, por ejemplo, Laskar Jihad en las islas Molucas, Indonesia, en el nombre del Pan-Islamismo desde hace años? ¿Qué tienen que ver fenómenos globales como esos con las escenas dantescas de las torres gemelas derrumbándose? ¿O es que no tienen conexión alguna? Si Osama Bin Laden es un hombre motivado por una fe y un ideal religioso bien definido ¿lo están también sus seguidores, de tal manera que consideran sus acciones en un continum eterno y perciben la muerte de una manera tan diferente de sus contrincantes, que por ello adquieren una ventaja ideológica significativa sobre ellos? ¿Qué implicaciones en términos de estrategia y seguridad nacional tiene el poder de dichas ideologías? ¿Pueden compensar las desventajas tecnológicas en conflictos armados? ¿Cómo se diseminan e implementan en determinadas culturas dichas teologías? ¿Cuáles son los mecanismos psicosociales que utilizan? Las preguntas se multiplican e invaden ámbitos de muchas disciplinas. Esto pone de manifiesto la complejidad del tema pero al mismo tiempo nos muestra el factor religioso como substrato insoslayable. Un punto más como colofón de este exordium. Creemos que el tema amerita, en aras de una mayor claridad, utilizar un lenguaje y formato menos constreñido que el estilo que se acostumbra en este tipo de trabajos. Concordamos con Bernstein en su breve y lúcido ensayo Frame Lock, que las pautas estilísticas de la academia pueden limitar la capacidad de comunicar ideas 3. Como este trabajo trata precisamente con críticas de paradigmas y maneras distintas de enfocar problemáticas, no creemos que el género de ensayo y el lenguaje utilizado estarán fuera de tono. Las constricciones estilísticas pueden servir como camisas de fuerza: “No controlemos lo que dicen, sino controlemos cómo lo digan” Y en este controlar el estilo, se terminan controlando, finalmente, los contenidos. 3 Charles Bernstein en “My Way: Speeches and Poems”. Chicago: University of Chicago Press, 1999. Originalmente presentado en la convención anual de la Modern Language Association en el panel “Framing the Frame: Theory and Practics” (29 de diciembre de 1992). TEMÁTICA A continuación tocaremos en orden los siguientes temas. Limitaciones de espacio nos impiden tratar cada uno en la amplitud que sería deseable, por ello nuestro objetivo es solamente enunciarlos, y esto de manera introductoria, mostrando las interrelaciones de unos con otros y esbozando un modelo analítico alternativo para examinar lo ocurrido el 11 de septiembre de 2001. En orden cronológico los planteamientos se presentan como siguen. a) Problemas de la percepción del otro y de los modelos teóricos contemporáneos. b) Elementos para considerar el atentado del 11 de septiembre un suceso primordialmente de índole religiosa. c) Las relaciones de estos elementos con factores como la identidad y la cultura árabe. d) La construcción de una nueva Jihad en un contexto Pan-Islamista.
I. PROBLEMAS DE LOS MODELOS TEÓRICOS CONTEMPORÁNEOS: Con respecto a la percepción del otro, la arabista española M. Abumalham ha expuesto, basada en observaciones de emigrantes islámicos a países europeos, cómo estos grupos interpretan su nuevo entorno social con base en categorías predominantemente religiosa4. Símbolos, festividades y costumbres que para muchos europeos no tienen necesariamente un significado religioso —aunque ése sea su origen—, representan para dichos inmigrantes una amenaza identataria en términos culturales y espirituales. Este fenómeno de dualidad hermenéutica tiene su origen en la naturaleza misma de las sociedades islámicas, en las cuales se borran las fronteras entre lo secular y lo religioso: un concepto, relativamente reciente en la historia de Occidente. El musulmán promedio que emigra a Europa, pues, interpreta la realidad circundante basado en su experiencia social previa y sus presupuestos filosófico-teológicos. Por su parte, Hollywood y los medios masivos de comunicación tienen prismas y prejuicios propios al percibir y dar a conocer al otro. Como subraya Erdely en un reciente libro, los sesgos propios de dichas industrias, refuerzan y crean estereotipos y obstáculos importantes de comunicación 5. El siguiente ejemplo es patéticamente ilustrativo: la profesora Fátima Mernissi, socióloga marroquí, narra su asistencia a una manifestación pública de solidaridad con Irak, convocada por grupos de izquierda democrática como la Izquierda Marroquí, que se llevó a cabo en Rabat. La marcha, cuyo contenido era una protesta contra el imperialismo, fue interpretada en TV5, la cadena europea, como una protesta por fundamentalistas árabes xenófobos6. El problema de las percepciones no está circunscrito a los emporios televisivos y a la Casa Blanca y otros sectores de las culturas oficiales y populares: está presente también en distintos niveles de la academia. Existe una marcada tendencia intelectual en Estados Unidos y otros países a interpretar todos los fenómenos de todas las culturas y grupos sociales en términos exclusivamente seculares, una categoría sociológica de origen occidental. Esta fuerte tendencia influye a su vez en los paradigmas hermenéuticos de los medios de comunicación. Pocos comentaristas sociales han escrito en la prensa acerca de los eventos del 11 de septiembre en términos netamente religiosos. El británico Andrew Sullivan, en un editorial publicado en The New York Times, quiso, con poco éxito, abrir una discusión pública al respecto: “Quizás una de las partes más admirables de la respuesta al conflicto que comenzó el 11 de septiembre ha sido una aversión a llamarlo una guerra religiosa. Oficiales del gobierno y comentaristas han dicho vigorosa y acertadamente que este conflicto no es una batalla entre musulmanes y el Occidente y que los asesinos no son representantes del Islam... El único problema con esto es que si se examinan estas nociones se ven que no son totalmente verdaderas. La dimensión religiosa del conflicto es central a su significado” 7.
4 Montserrat Abumalham, “Simbolismo y Migraciones en el Mundo Árabe”. Ponencia presentada en el II Coloquio Internacional Religión y Sociedad. (Universidad de Cádiz-ALER) Jerez de la Frontera, España; 10 de mayo, 2001. 5 Jorge Erdely, Terrorismo Religioso: La Guerra del Siglo XXI (México: Publicaciones para el Estudio Científico de la Religiones, 2001). 6 Fátima Mernissi. Islam and Democracy: Fear of the Modern World (Traducción de Mary Jo Lakeland). (Cambridge, MA: Perseus, 1992). 7 Andrew Sullivan, “This is a religious war”. New York Times Magazine (http:/www.nytimes.com/2001/10/07/ magazine/07religion.html).
En contraste, muchos analistas e intelectuales se han enfocado en resaltar las dimensiones socioeconómicas del extremismo islámico, enfatizando el papel de las políticas estadounidenses en Medio Oriente como génesis del atentado al World Trade Center. Muchos de estos análisis parecen estar basados en conceptos vertidos por Chalmers Johnson y Benjamin Barber en libros como Jihad vs. Mc World y Blowback: The Cost and Consequences of the American Empire. Ninguno de los dos libros contiene las palabras religión o sagrado en el índice8. También se han examinado y propuesto como causas de la hecatombe, los intereses de las compañías transnacionales en países islámicos, así como la pobreza y falta de educación formal y desarrollo económico en sociedades árabes. Estamos siendo testigos del renacimiento del discurso/ideología “desarrollista” como solución única a los conflictos en Medio Oriente. Este discurso, popularizado en Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial, es un paradigma que, como dice el economista marroquí Hassan Zaoul, no alcanza a integrar la rica complejidad, particularmente las dimensiones simbólicas, de las sociedades no monetizadas. Su limitado enfoque ve las causas de las principales problemáticas de la sociedad en la falta de desarrollo socio-económico9. Al respecto, es pertinente citar las palabras de Majid Rahnema, ministro de Educación en Irán durante la monarquía del sha Reza Pahlevi, quien eventualmente lo exilió: “La falta de entendimiento de los pueblos árabes en Occidente en el siglo XXI, y el énfasis en la ideología y práctica del desarrollo capitalista y secular, prometen ser las principales causas de la próxima guerra mundial” 10. Respaldando las posiciones de Rahnema y Zaoul están las crecientes críticas interdisciplinarias de los paradigmas dominantes en las ciencias sociales que limitan la posibilidad de “entender al otro”. Por ejemplo, la politóloga Jean Bethke Elshtain, en su nuevo libro Who are we?, lamenta que los estudios de teoría política hayan sido separados de disciplinas como la teología y de parte importante de la filosofía 11. 8 Chalmers Johnson: Blowback: The Cost and Consequences of the American Empire. (New York: Metropolitan Books, 2000). Benjamin R. Barber. Jihad vs. McWorld: How Globalism and Tribalism are Reshaping the World (New York: Ballantine, 1996). 9 Hassan Zaoul. “The Economy and Symbolic Sites of Africa”. En Majid Rahnema y Victoria Bawtree (Editores): The Post Development Reader ( London: Zed Books, 1998). 10 Comunicación personal con Lourdes Argüelles, 11 de octubre de 2001. Claremont Graduate University, California. 11 Jean Bethke Elshtain, Who are we?: Critical Reflections and Hopeful Possibilities. (Grand Rapids, MI: Eerdmans, 2000).
Elshtain remarca que el campo de la teoría política en Estados Unidos está dedicado exclusivamente “al estudio científico de la política”. La doctora Elshstain, quien ha dedicado gran parte de su carrera académica al análisis crítico de dicha orientación, explica por qué este tipo de enfoque es demasiado estrecho: “Al limitar nuestros vocabularios descriptivos a las presuposiciones del conductismo, o a la ahora bien difundida tendencia de la elección racional, simplificamos hasta el punto del reduccionismo nuestro tratamiento de las personas y de sus mundos. Al reducir la explicación de la conducta de las personas al punto mínimo de maximización de la utilidad, mucho de lo que los seres humanos dicen y hacen nos será ininteligible” 12. Las limitaciones y presuposiciones inherentes de los modelos analíticos dominantes en las ciencias sociales no circunscriben su influencia, como sabemos, al ámbito de la teoría política. La disciplina conocida en el mundo anglosajón como Estudio de las Religiones (o la que se denomina Ciencias Religiosas en algunos países hispanos), ha basado en gran parte su enfoque metodológico precisamente en estos modelos, marginando en el proceso los análisis de contenido o asignándoles significados que no tienen para quienes basan su fe en textos y sistemas de creencias religiosas. Seyyed Hossein Nasr, profesor del Departamento de Estudios Islámicos de la Universidad George Washington, responde a esta tendencia en los siguientes términos: “...la mente secular ha adoptado todos los métodos y maneras posibles para estudiar el fenómeno y la realidad de la religión y las religiones, previendo que la naturaleza de lo sagrado... no se considere seriamente”13. 12 Ibíd.; p.3. A menos que se indique lo contrario, todas las traducciones al español de fuentes escritas originalmente en otros idiomas, son nuestras. 13 Seyyed Hossein Nass, Knowledge and the Sacred (New York: State University of New York Press, 1989), p. 75.
Su libro, Knowledge and the sacred, basado en los Gifford Lectures que el profesor Hossein impartió en la Universidad de Edimburgo, contiene un agudo análisis del estudio académico contemporáneo de las religiones. Hossein argumenta que pocos estudiosos de las religiones, tanto en Occidente y aun en el Oriente moderno, pueden comprender la religiosidad, particularmente la noción de lo sagrado en distintas creencias, porque invariablemente interpretan estos conceptos a través del historicismo, y el cientificismo, reduciendo irremediablemente con ello lo sagrado a lo profano. A los problemas teóricos anteriormente mencionados para entender al otro, se debe sumar la influencia que han tenido en el imaginario colectivo del mundo occidental algunos arquetipos míticos. En el primer tomo de su trilogía sobre la historia de las ideas en Occidente, el filósofo británico J. J. Clarke traza la historia de las ideas “orientalistas” y encuentra que los conceptos y tradiciones del Islam fueron inevitablemente capturadas por las ideas preconcebidas y fantasías que el occidental ha tenido a través de la historia sobre el Oriente en general, y los árabes en particular14. Esto ofuscó definitivamente el entendimiento sobre el Islam. Clarke describe de modo similar la percepción de la cultura China en Occidente en su reciente tomo The Tao of the West: Western Transformations of Taoist Thought 15. Todos estos factores, aunados a una falta de información básica sobre el mundo islámico, crean serias dificultades hermenéuticas. De acuerdo con Baudet, la percepción de la imagen del otro en las historias occidentales (y también en las orientales) no se ha basado primordialmente en descripciones de personas reales, sino en proyecciones y juicios sobre nuestra propia historia 16. 14 J.J. Clarke. Oriental Enlightment: The Encounter between Asia and Western Thought (New York: Routledge, 1997). 15 J.J. Clarke. The Tao of the West: Western Transformations of Taoist Thought (New York: Routledge, 2000). 16 Henry Baudet Paradise on Earth: Some Thoughts on European Images of Non European Man (New Haven: Yale University Press, 1965). En particular en los países europeos, hasta el siglo XIX la base académica de esas proyecciones fue la disciplina de la antropología, cuya función político-administrativa fue la de mantener la creencia de la existencia de mundos exóticos e inferiores a la civilización occidental. Hoy en día, las investigaciones antropológicas europeo-norteamericanas en que se sigue basando la mayor parte del entendimiento académico “del otro”, ha modificado su postura, incorporando la noción de diferencia cultural en vez de la de superioridad. Este cambio ha obedecido en parte a las muchas críticas de otras disciplinas y movimientos políticos. Pero a pesar de todo, aún existe el sobre-énfasis en el estudio etnográfico, el cual no puede aspirar más que a generar un monólogo. El antropólogo Johannes Fabian, en su importante libro Time and the Other: How Anthropology Makes Its Object, explicaba desde 1983 esta seria limitación: “Los antropólogos nunca oyen las voces de las culturas que les extrañan, nunca han aprendido de ellas, mas bien sólo las ha estudiado, haciendo una ciencia sobre ellas. Éste ha sido el método moderno de no oír a estas culturas. La presencia empírica del otro en el campo de investigación y como sujeto del discurso antropológico, está basada en su ausencia teórica como interlocutor, como colega de diálogo, y como audiencia” 17. Para que la antropología moderna pueda continuar su monólogo sobre culturas que le son ajenas, esas culturas deben mantenerse en “silencio analítico”. Al momento en que el antropólogo llega a considerar que puede haber verdad o validez en una cultura distinta a la suya, el monólogo antropológico termina. El caso de la civilización islámica es notable, pues aunque en ámbitos intelectuales no se le considera una cultura inferior como en el pasado, sino simplemente diferente, aún se le sigue viendo como se le veía en el siglo XIX, a través de los lentes antropológicos de esa era: como una proyección de nuestras fantasías del otro.
17 Fabian J. Time and the Other: How Anthropology Makes Its Object, Columbia University Press, 1983.
Complementando lo planteado por Fabian y Baudete, el profesor de antropología Bernard McGrane, argumenta en su libro Beyond Anthropology: Society and the Other 18 que el aumento de viajes a otros países por parte de norteamericanos —incluyendo investigadores universitarios—, para familiarizarse con otras culturas, religiones y grupos étnicos, no ha cambiado su percepción sobre las sociedades distintas. Considera que esto se debe a que, para ellos, el pensar ha sido sustituido por el viajar. Tomando en cuenta todo lo anterior, se puede decir que las agencias de seguridad norteamericanas fueron sorprendidas el 11 de septiembre de 2001 por lo que el profesor Stanley Cohen, sociólogo e investigador de la London School of Economics, ha llamado interpretative denial 19, un fenómeno en el cual no se niega la existencia de nuevos hechos —por ejemplo las declaraciones y actos de Jihadprevios del líder de Al-Qaeda contra Estados Unidos—, sino que más bien se les asignan significados distintos a los que tienen para sus autores. Es por estas razones que conceptos como fe, espacio sagrado, y recompensa eterna pueden ser fácilmente soslayados como mera utilería retórica por análisis que no los consideran móviles primarios del comportamiento humano y desconocen el poder ideológico que tienen para el creyente de determinada afiliación. Pero la información disponible hasta la fecha, indica que para personas como Mohammed Atta y para el mismo Osama, fueron suficientemente poderosas para planear, creer, rezar, esperar un milagro y estar dispuestos a sacrificar su vida para matar al mayor número posible de personas el 11 de septiembre. 18 Bernard McGrane, Beyond Anthropology: Society and the Other (New York: Columbia University Press, 1989). 19 Stanley Cohen, States of Denial: Knowing about Atrocities and Suffering (Cambridge, UK; Malden, MA: Polity/Blackwell, 2001). II. EL ATAQUE AL WORLD TRADE CENTER: UN SUCESO PRIMORDIALMENTE RELIGIOSO La inesperada y dramática muerte de miles de personas de más de ochenta nacionalidades distintas en territorio estadounidense, el 11 de septiembre de 2001, provocó, paradójicamente, grandes oportunidades en diferentes ámbitos. Una de ellas, desperdiciada hasta ahora, fue la oportunidad de informar mejor a los habitantes de Occidente para convivir en un mundo donde la globalización religiosa es una realidad ineludible. Lamentablemente, hubo poco interés por hacer esto. La persistencia de estereotipos pudo haberse comenzado a combatir con un alud de información objetiva y accesible a la opinión pública sobre la cultura árabe y el mundo islámico. Si se hubiera aprovechado la curiosidad de la sociedad para abrir un caudal de cultura y datos objetivos, se hubiese ayudado a construir puentes en vez de muros, evitando polarizaciones innecesarias. En contraste, el inmediatismo informativo y los intereses comerciales y políticos han controlado gran parte de la discusión pública y lamentablemente, en parte también intelectual. Hoy parece haberse cerrado esa oportunidad por el momento y el escenario a corto plazo se presenta incierto. Esto es en sí otra tragedia. Y pensamos que en la próxima década los costos por este error serán altos. La globalización religiosa, con todas sus implicaciones, no sólo es parte inevitable del acontecer cotidiano. A veces, aunque existan resistencias para reconocerlo, sin pedir permiso, da bruscos golpes de timón a la historia. EL FACTOR RELIGIOSO Existen tantos datos que apoyan la tesis de la centralidad del factor religioso como eje del ataque del 11 de septiembre, están tan a la vista, que debería ser innecesario citarlas cuando deberíamos más bien estar tratando de analizarlos y entenderlos. Pero el estado de la cuestión que se comentó en el apartado anterior, y en la introducción, hacen necesario, al menos, enunciar algunos de los más notorios. a) Los estudios biográficos más serios sobre Osama bin Laden coinciden en que durante su estancia con la resistencia afgana contra la invasión soviética, el entonces millonario saudita tuvo una experiencia de conversión religiosa del Islam a lo que Ruthven llamaría islamismo, una variante particularmente politizada y expansionista de dicha fe. b) El principal punto de ruptura de Bin Laden con la monarquía saudí fue lo que él consideró la profanación de un espacio sagrado: cuando Arabia Saudita permitió que se estacionaran las tropas de la coalición internacional que bombardearon Irak durante la guerra del Golfo Pérsico. La principal objeción de Osama fue el hecho de que se permitiera a no islámicos estar en territorio árabe, que es sede de La Meca, el lugar sacro para alrededor de un millón 200 mil musulmanes de todo el mundo. Los primeros ataques con explosivos vinculados a Bin Laden, se dirigieron a bases militares norteamericanas estacionadas precisamente en Arabia Saudita. c) La estrecha relación de Osama y Al-Qaeda con clérigos e ideólogos islámicos considerados extremistas. Ayman Al-Zawuahiri, y eventualmente el mullah Mohammed Omar, del Talibán, son dos ejemplos importantes. d) Las fatwas o declaraciones públicas de guerra a Estados Unidos, y eventualmente a sus aliados, en un contexto inequívoco de Jihad (guerra sacra islámica) las cuales no varían en su esencia de 1992 a la fecha20. e) Las acciones —e interpretación de dichas acciones— que han seguido a dichas declaraciones. Esencialmente nos referimos a acciones bélicas específicas y el reclutamiento y adoctrinamiento militar con base eminentemente religiosa de los seguidores de Osama. Los bombazos a las embajadas estadounidenses en Kenia y Tanzania en agosto de 1998 serían un ejemplo de los primeros. Los campos de entrenamiento en Afganistán que estableció Al-Qaeda, ilustran lo segundo. f) El análisis de discurso de las proclamaciones y declaraciones públicas de Osama bin Laden, tanto pre como post 11 de septiembre, exhiben un contenido netamente religioso. De acuerdo con muchos eruditos arábigos, el uso del lenguaje no es de ninguna manera superficial ni casual. Contextualizado cultural y teológicamente, para muchos seguidores y simpatizantes, Osama habla y actúa como un musulmán piadoso, celoso de su fe y exhibe un alto grado de congruencia entre sus creencias y acciones. La variante marginal de Islam que Osama y Al-Qaeda practican no representa a la mayoría de los musulmanes. Pero no por ello deja de ser una creencia religiosa. g) Las percepciones sobre Osama como caudillo religioso por sus seguidores inmediatos y por estratos populares diversos en el mundo árabe, es un punto relevante y se tratará más adelante. Por el momento es suficiente estar conscientes de que, en diferentes niveles de población, sean las madrasas más conservadoras de Paquistán, o sectores chiítas iraníes, no sólo se le ve con gran simpatía y como un buen musulmán. No ha habido clérigos importantes o Ulemas que lo proscriban por considerarlo herético. 20 Una de las más importantes es la fatwa publicada el 23 de febrero de 1998 en el diario árabe Al-Quds Al-Arabi. (London, U.K.) p.3. Consideramos que los datos anteriores son suficientes para examinar seriamente la tesis de que Osama bin Laden y la dirigencia de Al-Qaeda están motivados religiosamente y tienen una visión particular de lo que es el Islam y cómo se debe seguir a Alá. Es verdad que muchos musulmanes discrepan de su visión y muchos lo reprueban. Eso, sin embargo, no altera en nada la naturaleza eminentemente religiosa de la propuesta de Islam —por más extrema que ésta sea o parezca— que Osama y Al-Qaeda representan. La realidad es que Osama y Al-Qaeda pusieron sobre la mesa de discusión al interior del mundo árabe, hace más de una década, un proyecto claro y concreto de Islam. Occidente apenas parece empezar a tomarlo con alguna seriedad, y sólo en la medida en que ha afectado sus intereses21. Sin embargo, más que examinar la propuesta religiosa y sus implicaciones, el análisis se ha enfocado en los efectos bélicos y las dimensiones tecnológicas, financieras, de inteligencia militar y el escenario socio-político en que éstas se desarrollan. Pero estos elementos no son sino accesorios periféricos de un proyecto teocrático y sus procesos de implementación. 21 Al-Qaeda y Bin Laden han sido señalados también como responsables de los famososatentados que privaron de la vida a más de trescientas personas en Kenia y Tanzania, en agosto de 1998. La mayoría era africana y laboraba o se hallaba cerca o dentro de las dosembajadas estadounidenses. En Sudán, es conocida la cercanía de Osama bin Laden con influyentes intelectuales y líderes extremistas del gobierno. La llamada guerra civil de Sudán está animada, lo mismo que la reciente inestabilidad en los estados del norte deNigeria, por proyectos teocráticos de establecer un imperio islámico purista. Sudán hallevado, por mucho, el saldo más trágico. Por años, diversas organizaciones de asistencia humanitaria han denunciado salvajes violaciones a los derechos de civiles indefensos,particularmente mujeres y niños no islámicos. Hordas tribales fanatizadas violan, asesinan y mutilan en el nombre de Dios y han creado una red de tráfico infantil de esclavos. Poco ha hecho “la civilización occidental” para detener el genocidio.
AL-QAEDA: UNA PROPUESTA TEOLÓGICA El corazón de Al-Qaeda es la propuesta y proyecto teológico que comienza a catalizar tendencias radicales operantes desde hace varias décadas en países como Indonesia, y el mismo Afganistán, y contra las que los gobiernos seculares de Argelia y Egipto han librado una guerra sin cuartel desde antes del asesinato de Anwar El-Sadat. Hay más datos que se deben tener en cuenta al considerar la naturaleza religiosa del ataque del 11 de septiembre. Uno bastante conspicuo es lo que los documentos y datos biográficos existentes revelan acerca de los 19 integrantes que secuestraron los aviones para el atentado. No es tanto el asunto de las nacionalidades lo que llama la atención, sino el papel central que jugaron las creencias para consumar el hecho. La carta hallada en las pertenencias del líder de la operación, Mohammed Atta, y de otros tres secuestradores, es una pieza central de información. La fe, la creencia en la eternidad y las recompensas divinas son el hilo conductor que el autor de la misiva que instruye a los pilotos suicidas utiliza desde el inicio hasta el fin. En ese proceso provee inspiración, guía y consuelo, paso por paso, con rezos, versículos coránicos, y jaculatorias. Desde qué pensar a la hora de levantarse hasta qué frase se debía decir antes de que los aviones estallaran en llamas los integrantes de Al-Qaeda. He aquí un ejemplo: Recuérdale a tu alma que escuche y obedezca… domestica tu alma, purifícala, hazla entender e incítala. Dios, dijo: Obedece a Dios y a Su mensajero. Dios dijo: herid arriba del cuello (…) Sabed que los jardines del Paraíso están esperando, en toda su belleza, y las mujeres del Paraíso están esperando, llamando: ven aquí amigo de Dios22. 22 Carta a Mohammed Atta. Departamento de Justicia de los Estados Unidos. Texto con instrucciones finales encontrada en las pertenencias de tres secuestradores suicidas. Septiembre de 2001. Documento público.
El factor fe, la creencia en intervenciones milagrosas en una lucha entre el bien y el mal, es la atmósfera en que se desenvuelve la tragedia del 11 de septiembre mientras va dejando un rastro de interrogantes que requieren respuestas. El éxito del atentado en Nueva York —la caída de las torres gemelas—, mayor al resultado anticipado por Al-Qaeda, es interpretado en un video atribuido a Osama, como un milagro. Osama no está solo, esa postura tuvo eco en las declaraciones de clérigos musulmanes paquistaníes y afganos. Asimismo, sabemos ahora que en el círculo de Al-Qaeda se habló de sueños, como revelaciones divinas acerca del suceso. El cúmulo de evidencias es de tal magnitud y calidad, que pretender entender el 11 de septiembre, soslayando o minimizando el aspecto religioso, no es posible. Sin Osama bin Laden, el converso, el caudillo místico, y sin los fieles discípulos que se autoinmolan con la promesa de un paraíso, no hay 11 de septiembre. Si las afrentas culturales, si la lucha contra la pobreza e injusticia son las grandes causas que quieren revindicar los integrantes de Al-Qaeda, ¿por qué no hay una sola frase en las cartas a Mohamed Atta y sus compañeros que las mencione? Hubiesen sido ciertamente motivantes cruciales para alentar a los terroristas en la hora final. Se puede contraargumentar que la agenda es realmente revindicar aquellas causas y que la religión es sólo un parapeto, o a lo más, un instrumento. Pero eso es precisamente el punto que se tendría que demostrar. Dictaminar a priori que pobreza, inequidad, y la política en Medio Oriente es lo que motiva a Osama y a quienes se suicidaron el 11 de septiembre, es argumentar contra la evidencia que existe. Pontificar que aunque actuaron impulsados por un motivo religioso, los problemas de fondo que crean ese tipo de religiosidad son realmente socio-políticos, es partir de los paradigmas dominantes sociológicos de origen occidental, y cerrar de inicio la posibilidad de explorar a fondo el tema. III. CULTURA, IDENTIDAD, Y CAUDILLISMO ESPIRITUAL El caso del ataque a las torres gemelas del World Trade Center, visto desde fuera, se puede percibir como un acto de violencia destructiva irracional contra la sociedad, o como un acto de protesta contra Occidente, o como obra de fanáticos desquiciados. Pero analizado desde otro ángulo tiene una coherencia interna que queda oculta cuando no se entiende la ideología religiosa que lo motivó. Los diecinueve hombres que se suicidaron la mañana del 11 de septiembre creían que ese mismo día estarían en el Paraíso, y todos sus pecados les serían perdonados gracias a su colaboración con la Jihad o guerra contra los infieles. Es crucial entender esto. En este sentido su acción significaba más que un acto de terrorismo o una acción de guerra: era la práctica de un peculiar rito religioso, institucionalizado por Al-Qaeda y su guía espiritual, Osama bin Laden. Teológicamente, era la forma de ir al Cielo sin tener que esperar la resurrección de los muertos —a diferencia del resto de los musulmanes— y por tanto un acto de piedad altamente valorado en su sistema de creencias. Los guerreros religiosos creían eso y actuaron en consecuencia. Pero antes hubo alguien que los adoctrinó al respecto y que dio la orden de actuar. Erdely23 ha estudiado los suicidios colectivos como rituales religiosos en diferentes culturas, grupos y circunstancias. Sus investigaciones muestran que independientemente del substrato distinto y las particularidades de varias organizaciones, es posible identificar patrones de conducta y procesos similares. Si Durkheim, en su análisis de 189724 veía la causa del incremento del suicidio en las sociedades industrializadas en la anomia, Erdely encuentra que la teología del suicidio ritual tiene coherencia interna y, paradójicamente, propósitos. No es una expresión de desesperación ni una respuesta al vacío existencial. En algunos casos, la anomia puede explicar el ingreso a o la permanencia en esos sistemas de creencias, pero no motiva en sí los suicidios rituales. Hablando de mecanismos sociológicos que interactúan con estas teologías, Erdely explica: La obediencia incondicional es un requerimiento clásico en los sistemas totalitarios. El poder de los mismos, en términos de influencia social y psicológica, es muchísimo mayor cuando se trata de instituciones religiosas dirigidas por quienes son considerados Mesías u hombres divinizados. Las razones que sustentan esto son obvias. Cuando una comunidad realmente percibe a un liderazgo así, para ella su poder y autoridad trasciende por mucho al de cualquier institución social, llámese Estado, familia, o aun religión 25. 23 Jorge Erdely, “Suicidios Colectivos Rituales: Un Análisis Interdisciplinario”. CIENCIA ergo sum. 7 (1), Universidad Autónoma del Estado de México: 2000. 24 Émile Durkheim, El suicidio. (Madrid: Akal, 1976). 25 Jorge Erdely, “Suicidios Colectivos Rituales: Un Análisis Interdisciplinario”: op cit. p. 74.
EL PODER DEL PRINCIPIO ABSOLUTO El impacto que tiene en la mente y la conducta humana adscribirle valor absoluto a un determinado principio percibido como divino, ha sido descrito por el filósofo William James en estos términos: Sin embargo, cuando creemos que Dios está allí, y que él es uno de los demandantes, la perspectiva infinita se abre… Los ideales se vuelven imperativos, y nos empiezan a hablar con una nueva objetividad y significado26. Continúa Erdely: Una comunidad ve en el liderazgo mesiánico un poder ilimitado del que a menudo depende, según cree, su bienestar o castigo eterno; del cual pueden provenir maldiciones y bendiciones temporales, y aun afectar el futuro de familiares y generaciones venideras. La felicidad, la seguridad eterna y temporal de la persona y sus seres queridos, pueden estar en juego cuando se trata de desafiar la autoridad de un Mesías, o simplemente de agradarle. Tal amplitud y trascendencia de poderes no se puede comparar con los limitados alcances de los que ejercen otras autoridades. De allí que el grado proporcional de influencia psicológica esté dado en relación directa con el grado de poder percibido por los seguidores de un líder mesiánico; de poderes omnipotentes, miedos y admiraciones, servilismos y confianzas, de la misma magnitud27. Un dramático ejemplo de obediencia incondicional se encuentra en la antes citada carta final a los secuestradores de los cuatro aviones comerciales del 11 de septiembre. En cuatro hojas con detalladas instrucciones que van desde afilar y bendecir los cuchillos, los mujahidin son conminados con base al concepto del principio absoluto. 26 William James. (1963) citado por Crosby, J. F., en “The Encounter of God and Man in Moral Obligation”, The New Scholasticism , Vol. LV, No. 3. 1986. p. 347. En efecto, el contexto en que habla James es positivo mas el principio es axiomático para todo el campo de la ética. 27 Jorge Erdely, Suicidios Colectivos: Rituales del Nuevo Milenio. Segunda Edición. México D.F.: Publicaciones para el Estudio Científico de las Religiones, 2002.
COMUNITARISMO Y EXCLUSIÓN EN LA CULTURA ÁRABE Al analizar conductas como las anteriores, es importante explorar la interrelación de los factores religiosos generales con las idiosincrasias culturales de las sociedades islámicas. Uno de esos factores es la dimensión comunitaria. En culturas como las árabes, el miedo al ostracismo social puede tener una influencia quizás mayor que en otras sociedades. En contraste con Occidente y su marcada tendencia al individualismo, las sociedades islámicas son intensamente comunitarias. No sólo la familia nuclear, sino los lazos con parientes de todo grado son muy importantes, y ejercen una influencia fortísima en la identidad personal y el estilo de vida. Esta realidad se extiende a la comunidad étnica inmediata y geográficamente tiene expresión en la colonia, pueblo, ciudad, zona, país, región, y eventualmente, aunque con matices, al llamado mundo árabe. Esta dimensión comunitaria de la cultura islámica hace particular-mente temible la posible exclusión del grupo, pues desestabiliza la identidad de manera distinta que el aislamiento de un occidental individualista de su entorno social. La exclusión del grupo es vista como un ataque a la identidad misma de la persona y trastoca toda su manera de vivir y relacionarse. Aunado a las ideologías religiosas, el significado que esto puede tener para diseñar mecanismos coercitivos para controlar la voluntad en grupos religiosos, no puede subestimarse, pues lo inverso al miedo al rechazo, es el deseo de pertenencia y aceptación grupal. El temor al rechazo y la explotación de la necesidad de aceptación grupal son factores cruciales de manipulación en todos los sistemas totalitarios. Las culturas con fuertes valores comunitarios son particularmente vulnerables.
CÓDIGOS DE HONOR Y VERGÜENZA Las culturas de Medio Oriente se distinguen del mundo occidental por el alto valor que las primeras le asignan a la vida comunitaria. Otro aspecto muy importante es el honor personal y grupal, y su contraparte: la deshonra, la vergüenza pública. Estos valores son parte del legado ideológico de estas tradiciones, pero como todos los valores, son susceptibles de distorsiones y manipulación. Así como la relevancia de la naturaleza comunitaria de las sociedades árabes es difícil de entender por el american way of life que exalta el individualismo como valor supremo, así es difícil comprender el papel del honor y la vergüenza en las dinámicas sociales de Oriente. Textos antiquísimos muestran la profunda aversión en las culturas semíticas a la deshonra pública. “No sea yo avergonzado, no se alegren de mí mis enemigos” (Salmo 25:2) como oración que expresa un anhelo ferviente, es una idea repetitiva en el salterio davídico, un texto con tres mil años de antigüedad. LA VENGANZA ES HIJA DE LA AFRENTA La Épica de Gilgamesh, un texto escrito originalmente en sumerio y que nos llega traducido al acadio, muestra también esta misma aversión a la humillación pública. Tanto el héroe de Uruk como el rey David consideraban una tragedia ser derrotados y el contexto de muchos de estos pasajes es netamente militar. La religión islámica es también producto de una matriz cultural semítica, y tiene por lenguaje sacro un idioma semítico (el Corán está escrito en arábigo). En ese mundo, la deshonra pública es una de las mayores tragedias que puede ocurrirle a un individuo, familia o comunidad. Más aún, la vergüenza de un individuo se extiende a su familia y en turno a toda la comunidad. El fracaso militar es por ello una deshonra inaceptable. Por ello, muchas veces la muerte es preferible a la derrota o a la captura por el enemigo. El miedo a la vergüenza pública —uno de los temores esenciales del ser humano de acuerdo a Neufeld— tiene un efecto peculiar en el génesis del fanatismo religioso dentro de sectas islámicas radicales. El fracaso de una operación de guerra no sólo atrae la deshonra sobre el grupo particular que lo lleva a cabo. También pueden sentirse avergonzados otros musulmanes que no comparten esas estrategias pero que simpatizan con la causa. Los lazos emocionales que hermanan a dicha cultura son muy fuertes. Pero sobre todo, el guerrero religioso que se siente parte de una Jihad piensa que al fallar ha deshonrado la causa y por consecuencia a Alá. Estas nociones acumuladas sobre la conciencia grupal movilizan consecuentemente una energía y creatividad poco comprensibles para sociedades occidentales con percepciones diferentes —y a veces devaluadas— de dignidad personal y colectiva. Cuando en 1993 un grupo extremista musulmán dirigido por el clérigo Omar Abdel Rahman intentó demoler los edificios del World Trade Center, al hacer estallar un coche bomba en el estacionamiento, consiguió hacer un cráter de cinco pisos de profundidad, matar a cinco personas y herir a más de mil. Los daños materiales fueron calculados en trescientos millones de dólares. Pero la operación fue a final de cuentas un fracaso militar. Las torres no se vinieron abajo, murieron relativamente pocas personas, los terroristas fueron eventualmente apresados y sentenciados a largas condenas, incluyendo al clérigo Rahman, director de una mezquita de Brooklyn, quien ha sido vinculado al asesinato del presidente egipcio Anwar El-Sadat, el 6 de octubre de 1981. De acuerdo con varios expertos, este líder religioso y Ramzi Yussef, el autor material del atentado al World Trade Center en 1993, están vinculados con Osama bin Laden, particularmente a uno de sus allegados, quien había advertido que vengaría ese fracaso militar. Tanto el Imam Omar Abdel Rahman como Yussef, purgan actualmente largas condenas en Estados Unidos. Los códigos de honor y vergüenza de Medio Oriente producen militantes notablemente persistentes y osados. Esto no sólo tiene implicaciones en las dinámicas de los conflictos armados, sino en muchas otras esferas de la vida social y religiosa. En el mundo árabe, el ideal de adquirir prestigio y honor es igualmente importante al de evitar la vergüenza pública. Esta noción tiene sus dimensiones: adquirir honra personal es importante. Esto se logra a través de cuidar la reputación personal y familiar, guardando distintas convenciones sociales y religiosas. Pero ésta se puede incrementar especialmente a través de actos percibidos por la comunidad como heroicos. La otra dimensión es la de honrar la causa común del grupo social. Esto trae prestigio al individuo y a toda la comunidad.
LOS ASESINATOS POR HONOR EN JORDANIA Distinciones e interpretaciones diversas de lo que implica mantener la dignidad familiar es lo que ha generado en países como Jordania problemas jurídicos y criminales con los llamados “asesinatos por honor”. En Jordania, si una mujer soltera sostiene relaciones sexuales antes de casarse no es infrecuente que sea privada de la vida por algún familiar cercano. Este fenómeno no representa la práctica de la población jordana en su conjunto pero prevalece en sectores tradicionalistas, particularmente de estatus socioeconómicos de clase media baja en las zonas urbanas. En el interior del país y en las zonas rurales el problema es mayor. La tragedia de los “asesinatos por honor” estriba también en que en muchos casos la simple sospecha basta para que se prive de la vida a una joven o adolescente. Por lo general es el padre o un hermano quien lava la afrenta familiar. Mientras eso no ocurra, la familia entera puede ser estigmatizada o incluso objeto de burlas públicas por su círculo social inmediato. La presión grupal y el código de honor y vergüenza son valores más fuertes que el afecto filial y obnubilan la razón. Eso es lo que explica que en casos de autopsias, algunas jóvenes asesinadas suelan ser halladas vírgenes por los exámenes del servicio médico forense. La simple sospecha, el hecho de tener novio, o aun el adoptar modas y costumbres consideradas como “occidentales” (adopción de ideas feministas, cambios de manera de vestir, pretensión o ejercicio de alguna libertad individual para elegir con quien casarse) provocan “asesinatos por honor” en Jordania y otras naciones islámicas. El hecho inocultable de que no siempre es per se la pérdida comprobable de la virginidad antes del matrimonio, sino simplemente conductas que deshonran públicamente a la familia, nos deja ver cuán fuerte es la presión social en las culturas “de honor y vergüenza”. Es precisamente en este contexto que se debe analizar cómo esta particularidad se puede manipular para fabricar guerreros suicidas. Cuestiones de espacio impiden tocar otros factores que juegan un papel importante como el rol en Oriente de la identidad masculina, así como la psicobiología de género del varón. Los terroristas religiosos suicidas de sectas islámicas totalitarias, son, como otros seres humanos, susceptibles de ser sometidos a procesos de manipulación que toman en cuenta sus idiosincrasias socioantropológicas. El miedo a la humillación pública y al ostracismo social son aspectos cruciales para entender el fenómeno. Lo mismo se puede decir del alto valor que se asigna a la adquisición de prestigio personal que se transfiere al grupo de pertenencia y la tradición de la venganza como deber. El factor religioso es, sin embargo, la matriz que cohesiona todo este proceso. La honra en este caso, se transfiere simbólicamente a la causa de Alá y por implicación, con el fracaso, se le afrenta. En muchos países árabes quien muere en la Jihad es inmortalizado en la memoria de su pueblo como héroe nacional y mártir religioso. Esto trae honra sobre su familia, grupo étnico y cultura. Al morir, adquiere reputación y estatus en su comunidad, además de ganar el Paraíso musulmán con sus legendarios placeres y hermosas mujeres complacientes. En algunos casos, entre más vidas se hayan arrebatado, más honor, más gloria. En este mundo y por la eternidad. La discusión se viene a reducir entonces esencialmente a los criterios que determinan quién es el enemigo y cuándo es teológicamente justificable una Jihad. OSAMA COMO GURÚ Si los hechos del 11 de septiembre tienen una raíz religiosa, es indispensable hacerse preguntas concretas acerca del papel que juega Osama en el movimiento de Al-Qaeda y sus simpatizantes. No sólo como mecenas y estratega militar, sino como símbolo y líder espiritual. ¿Qué representa Osama bin Laden —o qué puede representar— para sus seguidores y para los sectores populares árabes que expresan públicamente solidaridad con él por motivos religiosos y en qué medida influye en ellos? Para tratar de responder a esto es necesario sintetizar primero algunos conceptos básicos. Mohammed o Mahoma, fundó el Islam en el siglo VII d.C. Además de haber sido considerado entre sus seguidores como el último y verdadero profeta (en la línea abrahámica, el Islam reconoce como profetas a personajes como Isaías, David e incluso a Jesús). Mahoma proporcionó el Corán, el texto que tiene estatus de revelación divina suprema para los musulmanes. La ortodoxia islámica nunca ha atribuido divinidad a Mahoma, sin embargo, una conocida tradición afirma que ascendió al Cielo desde la piedra que está actualmente dentro del conocido Domo de la Roca, en Jerusalén. Un profesor ortodoxo del Islam no aceptará que Mahoma haya sido divino. Esto sería contrario a las distinciones esenciales entre la creación y el Creador que sostiene esta religión estrictamente monoteísta. El primer precepto de la fe musulmana, la Shahada, reza así: “No hay divinidad sino Dios y Mahoma es su profeta” (o apóstol). Aun con todo esto, un análisis cuidadoso de la función de Mahoma en la fundación del Islam no deja lugar a dudas que Mahoma engloba muchas características mesiánicas. Pero ¿podría ser considerado divino por algunos musulmanes? Recordemos que el Islam no es de ninguna manera un bloque monolítico, ni todos los musulmanes son eruditos ni puristas. Al igual que en otras religiones, pueden haber distinciones profundas entre credo formal y praxis. Mahoma no es divino para los eruditos ortodoxos intérpretes del Corán. Eso no significa que no lo pueda ser según percepciones populares, interpretaciones heterodoxas o otras tradiciones muy antiguas del Islam. Tampoco que no puedan existir equivalencias funcionales en la práctica. Por ejemplo, blasfemar contra Mahoma es tratado como equivalente jurídico de blasfemar contra Alá, en países islámicos como Paquistán. El castigo por ley es la pena de muerte. SACRALIZACIÓN VERSUS DIVINIZACIÓN DE MAHOMA Desde una perspectiva jurídico-antropológica, en esta legislación se refleja al menos la sacralización de Mahoma. Mahoma es pues, nombre, memoria y ejemplo sagrado en regiones del mundo árabe. Universalmente, es aceptado sin controversia entre islámicos, tanto sunnitas como chiítas, que no sólo el Corán sino la vida y obras de Mahoma según los hadits, son el modelo por excelencia a seguir: el camino a Dios. Islam significa “rendición o sumisión” a la revelación de Alá, y la vida y ejemplo de Mahoma son parte integral de dicha revelación. Una de las causas de la multiplicidad de interpretaciones del Islam después de Mahoma, fue el colapso del imperio musulmán original.Esto provocó, en cierta forma, un vacío de autoridad religiosa. Ésta recayó finalmente en intérpretes profesionales de la tradición que legislaban colegialmente. El nombre técnico de este colegiado es Ulema. El Ulema, a diferencia de Mahoma, no ejercía lo que en nuestra cultura se consideraría autoridad política, aunque esta distinción puede ser artificial, al menos desde el punto de vista conceptual del Islam clásico. ESTRUCTURAS TEOCRÁTICAS La división entre política y religión es una construcción social occidental que no existía ni en el tiempo de la redacción del Corán ni en la mente de Mahoma: ambas esferas de la vida se consideraban una sola unidad. En este caso diríamos entonces, que en la antigua era de los sultanes había sólo una distinción de funciones: por un lado, los eruditos del Islam dedicados a la interpretación legal de los textos sacros, y por el otro, los emires y otras figuras de la vida pública, dedicados a los asuntos de la guerra y la administración pública. Pero la meta profética era la misma: el sometimiento al Islam de todos los países en la tierra. Teocracia e Islam eran pues, en sus inicios, inseparables.
CAUDILLISMO Y TRADICIONES MESIÁNICAS El liderazgo espiritual e intelectual del consejo del Ulema, sin embargo, no fue homogéneo en los primeros siglos, pues había caudillos tribales que reclamaban guía divina exclusiva y afirmaban ser ellos mismos legítimos sucesores de Mahoma. Eran liderazgos híbridos que incorporaban elementos a veces gnósticos en su sistema de creencias. De acuerdo con el doctor Widengren, uno de los más destacados expertos sobre historia de las religiones de Medio Oriente, algunos incluso se hacían llamar Razûl Allâh, apóstol de Dios. Este título se utiliza en el Corán para referirse exclusivamente a Mahoma y tiene una connotación de gran reverencia que trae implícita la idea de ser el Elegido. En su libro Muhammad, the Apostle of God and his Ascencion28, Widengren documenta esta práctica según la tradición de Ibnsa’d. “CuandoDios envió a Mahoma, el Señor lo bendiga y lo proteja, Él dijo:‘Éste es un profeta… éste es mi Elegido, familiarícense con él’”. Estos reclamos de exclusividad podían incluir el concepto no sólo de elegido, sino también de salvador. La creencia de que los dirigentes (a veces llamados Imams) de sectas islámicas árabes heterodoxas, podían incluso ser deidades menores, es también apoyada por la literatura oriental antigua. Al respecto, Widengren comenta: Y de ellos se separó una facción, al-Khurramdiniyah, y entre ellos algunos enfatizaron con exageración la doctrina de que los Imams eran dioses, (…) profetas, (…) apóstoles, (…) ángeles”29. Se han hallado incluso tradiciones en donde se pensaba que Alá mismo se encarnaba en algún líder religioso musulmán. De uno de ellos, llamado Alí, se llegó a decir lo siguiente: él, al igual que los Imams después de él, era Dios30. Esta creencia es parte del pluralismo histórico del Islam, pero de ninguna manera representa la posición doctrinal de las principales corrientes contemporáneas. Sin embargo, el Islam sigue siendo plural hoy en día y existen grupos no ortodoxos marginales, que reinterpretan y aun niegan enseñanzas esenciales del Corán. El espectacular culto a la personalidad que en algunas regiones del mundo árabe se ofrece a la persona de determinados líderes religiosos carismáticos, puede ser simplemente la expresión de alguna de estas tradiciones antiguas preservada en el ámbitopopular. Éstos serían “mesías”, o humanos divinizados de acuerdo a categorías histórico-sociológicas esencialmente árabes.
28 Uppsala Universitets Arsskrift, 1955, p. 9. EL ESTADO COMO SUSTITUTO DE ALÁ Pero pueden existir en grupos musulmanes, otras formas de liderazgo mesiánico más sofisticadas que las anteriores. Se trata de modelos en donde un Estado islámico totalitario usurpa el lugar de Alá, del Corán y cualesquiera tradiciones, para instaurar su propia revelación. El profesor Ruthven, en un trabajo introductorio sobre el Islam, se refiere precisamente a esto cuando explica que el ayatola Jomeini, luego de la revolución que derrocó al sha de Irán, dejó claro que: “...el Estado Islámico, es el sucesor del profeta Mahoma y como tal tiene el poder de anular y reformular la ley islámica, aun en cuestiones tan fundamentales de la fe como la oración, el ayuno y la peregrinación” 31. Este tipo de Estado se constituye de hecho, en una estructura mesiánica de gobierno, un liderazgo colectivo que se presenta ante la gente como la manifestación contemporánea de Mahoma, y por ende, encarna la representación de Alá en la tierra. Es por ello que dichas estructuras se pueden abrogar el derecho de reinterpretar, sin contexto histórico, los textos sacros islámicos, de redefinir los valores de una fe para adecuarla a utopías personales y de imprimir el absoluto divino a todas sus decisiones. Interpretaciones como éstas, sin embargo, son teológicamente heterodoxas. Un ejemplo claro fue la propuesta de Islam de Jomeini, profundamente influida por ideologías ajenas al Islam tradicional e incluso a ideologías seculares provenientes del Occidente como el marxismo. El régimen religioso totalitario viene a ser entonces, “el Salvador y el Elegido”. Sólo él da la luz que alumbra el camino, hace milagros de provisión social y de iluminación de mentes oscurecidas, es fuente prístina de valores absolutos que se convierten en leyes opresivas. Se presenta como la voz viva de Alá para su generación, y se sitúa por encima del Corán. El caudillo mesiánico, por su parte, a menudo es percibido como un ente sacro, un enviado con autoridad divina de reformular o recuperar aspectos de fe y praxis para su generación. Un interesante ejemplo de percepciones populares sobre Osama es una entrevista con una inmigrante iraní —hoy norteamericana— inmediatamente después de los sucesos del 11 de septiembre. 31 Malise Ruthven. Islam: A very short introduction. (Oxford: Oxford University Press, 1997), pp. 5-6. LA VENIDA DEL DOCEAVO IMAM “Tengo miedo, tengo mucho miedo de lo que pueda pasar en el mundo después de lo de los ataques en Nueva York. Estuve enferma todo el día de ayer. Siento la misma sensación que me venía en Irán cuando estábamos en guerra y sonaban las alarmas porque venían los aviones a bombardear” 32. La entrevistada se refiere a la sangrienta guerra entre Irán e Irak que duró ocho años, luego del ascenso al poder del ayatola Jomeini en 1979 y su posterior intento de exportar la revolución a los países vecinos. Musulmana criada por una madre devota, Aslani cree firmemente en la doctrina de la venida del doceavo Imam. “Cuando él venga —no se atreve a mencionar su título y explica que sólo lo puede hacer de pie— se iniciará el fin del mundo”33, dice con expresión reverente. El ayatola Jomeini asumió el poder en Irán después de derrocar a través de una revolución al sha de Irán y uno de los factores que le favoreció fue la popularidad de la escatología islámica del doceavo Imam, una particularidad de la minoría chiita. Muchas personas entonces se preguntaban si se trataba de Jomeini. Aslani emigró hace mucho a Norteamérica en busca de mejores oportunidades económicas y paz social, hasta hoy trabaja duro ocho horas diarias como obrera. Se acerca ya a los cincuenta de edad. Aslani cree que Osama bin Laden podría ser el enigmático Imam, esperado por cientos de miles de musulmanes. 32 Comunicación personal con Jorge Erdely: 20 de septiembre de 2001, U.K. Se ha omitido el nombre completo para proteger la identidad de la fuente. 33 Ídem.
IV. PAN-ISLAMISMO Y LA NUEVA JIHAD Según algunos intérpretes, el Islam, la completa sumisión de las personas a Dios, es lo único que puede traer la verdadera paz a la vida de una comunidad y de la sociedad en su conjunto. La rendición a la revelación dada a Mahoma, funciona como la condición para alcanzar esa meta. Esto tiene implicaciones interesantes por la dimensión comunitaria y la esencia expansionista del Islam clásico. No hay otro camino para que exista genuina paz social global sino hasta que el mundo se someta a Mahoma y Alá a través de obedecer la Sharia. El Islam no hace apología alguna en cuanto a la guerra contra los infieles. Por el contrario, la Jihad se presenta como una obligación religiosa para cada musulmán. Esto implicaba, originalmente, el mandato de conquistar a los pueblos circunvecinos por medio de la guerra. Sin embargo, nunca se debía matar ni a mujeres ni a niños, tam-poco a ancianos ni a enfermos. El Corán estableció también limitaciones etnoreligiosas. A los “pueblos del Libro o de las Escrituras”34 (una referencia que abarcaba en el contexto tanto a judíos como a cristianos) no se les debía ejecutar. Eran sólo los pueblos politeístas los que, en el contexto de la Jihad, tenían la opción de convertirse al Islam o ser ejecutados35. Tal opción no se aplicaba ni a hebreos ni a católicos u ortodoxos, etcétera, sino que más bien la práctica histórica era cobrarles impuestos después de haberlos conquistado. Una vez bajo el gobierno islámico, se les permitía practicar su religión aunque con algunas restricciones. La conquista militar de otros pueblos fue el motor del expansionismo musulmán en sus inicios; es un elemento inherente del Islam clásico según la historia. A la guerra contra los no musulmanes se le conoce popularmente, pues, como Jihad, una guerra de carácter sagrado. La palabra en árabe significa “lucha intensa” y tiene cercanía semántica, aunque no etimológica, con el griego agón. 34 Sura 9:29. 35 Sura 9:5.
REDEFINICIONES: LA GUERRA CONTRA LOS INFIELES La Jihad, sin embargo, no está restringida sólo al ámbito militar, abarca también la lucha ideológica, verbal y otras formas. De hecho, Ruthven explica que de acuerdo a una conocida tradición, Mahoma hizo la diferencia entre dos tipos de Jihad: una, la guerra contra los infieles, y la otra, contra “el mal”, en abstracto. Actualmente, grupos extremistas islámicos han unificado estos dos conceptos para proclamar fatwas, esto es, condenas religiosas oficiales que imponen el deber de combatir contra Estados Unidos, sus países aliados, incluidos gobiernos árabes moderados. En esta visión, Estados Unidos no es sólo una nación de mayoría no islámica, lo que justificaría, el primer tipo de Jihad, aunque con limitaciones. Representan también el “mal” mismo personificado, lo que justifica la segunda clase de Jihad, la cual se extiende incluso contra el “estilo de vida occidental”. En una carta atribuida a Osama bin Laden y entregada en Kabul a la cadena de noticias árabe Al-Jazeera, con sede en Qatar, se puede apreciar esta ideología. El documento, originalmente escrito en arábigo y firmado, está dirigido a las bases de apoyo de Bin Laden y el Talibán en Pakistán, e inicia hablando de una cruzada norteamericana “contra la religión del Islam” 36. Dejando a un lado la evocación del imaginario de las Cruzadas —un elemento meramente retórico y superficial del documento—, hallamos elementos comunes del discurso de Bin Laden a través de los años, sólo que magnificado. Estados Unidos es presentado como el representante de facto de la cristiandad occidental, encabezado por “Bush bajo el estandarte de La Cruz”37. De esta manera la cristiandad occidental, Bush y Estados Unidos, e implícitamente Occidente, se presentan sin distingo alguno, como el enemigo a vencer. Esto incluye, por supuesto, a muchos países.
36 “A Letter from Osama bin Laden to the Pakistani People”. Corresponsalía de Al-Jazeera. Kabul, Afganistán. Septiembre 24, 2001. 37 Ídem.
En la carta hallada entre las pertenencias de Mohammed Atta, uno de los secuestradores suicidas del 11 de septiembre, se afirma que:
“...el diablo y sus aliados son aquellos que están fascinados con la civilización occidental y han bebido del amor (de Occidente)” 38. De acuerdo con esta interpretación, la cual no es nueva (Jomeini, en Irán, la popularizó durante su régimen), Estados Unidos es percibido como la encarnación de Satanás mismo, la causa de todos los problemas sociales del planeta y el enemigo que desea exterminar al Islam, a través de su colonización cultural, injerencia política, poder militar y especialmente su exportación de vicios e inmoralidad. En la historia contemporánea, diversas sectas islámicas han echado mano de la ideología y el terror para librar su versión de Jihad, sea contra Estados Unidos o contra gobiernos árabes laicistas, contra minorías religiosas en Paquistán e Indonesia, o contra Occidente en general. Sus métodos incluyen secuestros, atentados terroristas contra civiles, incluyendo niños y mujeres. Argelia por ejemplo, es un país de mayoría islámica en donde la guerrilla religiosa no tiene reparo en degollar musulmanes moderados si éstos no se unen a su cruzada para derrotar al gobierno secular. Aldeas enteras han sido masacradas en la última década. ¿Nos debe extrañar que grupos extremistas que asesinan sin mayor reparo a gente de su propia raza y religión, contraviniendo la tradición y la ley islámica, cometan atentados como el brutal ametrallamiento de 85 turistas extranjeros en Luxor, Egipto, hace unos años? En estos casos se trata, no de Islam clásico, sino de un islamismo sectario que ha redefinido de manera ahistórica muchos conceptos de su religión. La teología del terrorismo suicida ha sido popularizada con este tipo de corrientes, y en la actualidad existen campos de entrenamiento especializados en distintas partes del mundo para adoctrinar y preparar nuevas generaciones, no sólo de combatientes, sino de futuros suicidas religiosos. El proselitismo está particularmente dirigido a jóvenes poco educados que viven en campamentos de refugiados, o zonas urbanas densamente pobladas, pero también ha sido efectuado con éxito en gente de otros estratos sociales y nivel de educación 39. 38 Carta a Mohammed Atta. Op. cit. 39 Los sacrificios suicidas realizados durante actos de terrorismo sectario en las últimas décadas tienen interesantes peculiaridades de acuerdo con varios investigadores. Los que se autoinmolan son personas no marginadas, pero pueden caer en “categorías inciertas”. Por ejemplo, en el estudio de Kramer sobre los jóvenes elegidos para atentados suicidas por Hezbollah y Amal, en Líbano, los seleccionados para ser sacrificadoscomo mártires eran considerados como personas puras, pero consistentemente tenían algo que los señalaba como incompletos, o pertenecientes a categorías inciertas. Porejemplo, eran adultos, aunque la mayoría no era casada; eran miembros de la comunidad, pero sin responsabilidades familiares; piadosos, pero no clérigos. En el caso de los jóvenes voluntarios participantes en misiones suicidas de la organización Hamas, deacuerdo con entrevistas con sus familias, han sido jóvenes no conflictivos, tímidos ynada sobresalientes, pero fueron aceptados en su cultura como héroes después de autoinmolarse. (Véase Martín Kramer “Sacrifice and Fraticide in Shiite Lebanon”, enViolence and the Sacred in the Modern World. Mark Juergensmeyer (Ed.), London: FrankCass and Co., 1992) En entrevistas con la familia de Mohamed Atta se percibe un patrón similar. Atta no sobresalió en la vida, pero sí en la muerte.
Particularmente importante es el proceso de adoctrinamiento en niños y adolescentes. La argumentación religiosa, especialmente la promesa de que el terrorista es un mártir y por lo tanto será trasladado inmediatamente al Paraíso para gozar eternamente de un harem de vírgenes como premio por matar infieles suicidándose, es central, así como las expectativas de honor póstumo. Es significativo que en la misiva que contenía las instrucciones finales para los pilotos que demolieron el World Trade Center, la primera exhortación haya sido ésta: Recuerda todas las cosas que Dios ha prometido para los mártires40. Más adelante se explica qué incluyen dichas promesas: Recuerda que regresarás a Dios [después de morir] porque estás realizando una obra que Dios ama y le será acepta. (Este) será el día, Dios mediante, que pasarás con las mujeres del paraíso. Sonríe delante de las dificultades, oh joven, porque vas hacia el paraíso eterno41. El tema sobre el Paraíso y las mujeres es reiterado a lo largo de cuatro páginas y casi al final cierra diciendo:
Y recibe la muerte de todo corazón por causa de Dios (...) Después nos reuniremos en el cielo más alto...42 Las prácticas de estas nuevas Jihads, además de explotar una distorsión de los códigos de honor y patriotismo de la cultura árabe, se apartan de aquella tradición de caballerosidad —no exenta de algún salvajismo— de legendarios guerreros beduinos y del Imperio Otomano. Por ejemplo, dinamitarse en un camión lleno de niños y mujeres indefensas, nada tendría de heroico para los estándares del Islam clásico. 40 Carta a Mohammed Atta. Op. cit. 41 Ídem. 42 Ídem.
PROCESOS HERMENÉUTICOS Las radicalizaciones de la lucha contra el mal fueron precisamente lo que desconcertó a la opinión pública mundial en el atentado contra el World Trade Center y la caída de cuatro aviones de pasajeros, el 11 de septiembre. Era obvio que, si bien la gran mayoría de los pasajeros serían norteamericanos, era altamente probable que hubiese gente de otras nacionalidades. Incluso —por qué no—, árabes también. Pero en el World Trade Center en Nueva York murieron personas de ochenta países distintos, incluidos mexicanos, hindúes, franceses, jamaiquinos y egipcios. Además de los 50 mil empleados que trabajaban diariamente en el enorme complejo financiero, circulaban decenas de miles de personas —hasta 100 mil por día— que no laboraban allí. Seres humanos de muchos países, no sólo de Estados Unidos. De muchas religiones, no sólo religiones occidentales. Incluidos musulmanes que podían morir. Los diecinueve secuestradores no tuvieron reparo en atentar contra la vida de un grupo de seres humanos, no sólo potencialmente numeroso, sino étnica y religiosamente plural y que abarcaba obviamente mujeres y —especialmente en los aviones— necesariamente algunos niños. Aun en un contexto de Jihad, la privación de la vida a árabes musulmanes, además de a los grupos ya mencionados que el Corán y el Islam clásico respetan, requiere de algunas explicaciones. Una, la más superficial y a la mano, sería argumentar que eso prueba la falta absoluta de congruencia religiosa. Otra, que es evidencia de que el atentado fue un acto meramente político, y la religión sólo una fachada o pretexto. PREDESTINACIÓN, PUREZA Y OTRAS DISCUSIONES TEOLÓGICAS Para apoyar esta postura se ha enfatizado respectivamente, por ejemplo, que dos de los pilotos del 11 de septiembre visitaron la noche previa al ataque, un bar donde consumieron bebidas alcohólicas y había entretenimientos que le están prohibidos a un musulmán. A esto se puede responder con la vida austera y devota —confirmada con los arreglos funerarios— que dejó Mohammed Atta en una carta-testamento. Esto, en todo caso indicaría que se trata de un grupo mixto compuesto por devotos y gente menos comprometida. Pero no es necesario recurrir a estas comparaciones cuando hay explicaciones consistentes con la estructura doctrinaria de Al-Qaeda. En su esquema hermenéutico, al momento de morir en la Jihad, de cualquier forma todos los pecados les serían perdonados en forma automática para ser trasladados al Paraíso. Esta creencia explica más satisfactoriamente el lapsus de los dos pilotos que un día después se sacrificarían en un acto de fervor, siguiendo instrucciones inteligibles y ad hoc para creyentes devotos. Existe suficiente evidencia de que, ambos, el Talibán y Al-Qaeda, cuyas diferencias estructurales se enuncian más adelante, pero que establecieron una simbiosis y puntos de acuerdo doctrinales muy importantes, son entidades regidas internamente por dogmas teológicos. En Osama esto es inherente a su naturaleza de converso al pan-islamismo y caudillo de una Jihad. En el Talibán, se debe a sus orígenes. Talibán es el plural de la palabra estudiante; específicamente de aquellos que se preparan en el Corán y la ley islámica, acostumbrados a discutir la aplicación de la Sharia a todos los aspectos cotidianos. Fueron esos estudiantes de escuelas religiosas los que después de años de combate lograron obtener la hegemonía en Afganistán y establecer un gobierno. Rashid43 nos permite un acercamiento a los discursos internos y la preeminencia que se asigna en el interior del Talibán a las cuestiones religiosas. 43 Ahmed Rashid, Taliban: Militant Islam, Oil, and Fundamentalism in Central Asia. (NewHaven: Yale University Press, 2000).
EL MANTO Y EL MULLAH MOHAMMED OMAR En Kandahar, ciudad que fuera sede y símbolo del gobierno Talibán, se encuentra un templo que alberga un manto que, de acuerdo con una tradición, perteneció al profeta Mahoma. En 1996, para legitimarse espiritualmente, el mullah Mohammed Omar se envolvió en dicho manto e hizo una rara aparición pública vestido así. Algunos testigos afirman que apareció en la ventana de un edificio con el manto que ondeaba por el soplo del viento. Los otros mullahs que se encontraban abajo, en una terraza, le aplaudían extasiados. Ese mismo día, Mohammed Omar fue nombrado por otros miembros del Talibán como líder de los fieles. Este título lo convirtió en el emir de Afganistán y pronto el Talibán renombró el país como Emirato de Afganistán. La ceremonia en Kandahar tuvo un simbolismo muy profundo. Al ponerse la capa de Mahoma, el mullah se reservaba el derecho de dirigir no sólo a todos los afganos, sino a todos los musulmanes. Algunos eruditos y teólogos islámicos protestaron porque título, era una afrenta. Otros protestaron con base en que no había precedente para asumir ese título a no ser que el Ulema del país se lo confirpara muchos musulmanes en distintos países el que un mullah pobre y sin educación, sin estirpe tribal ni vinculación genealógica con Mahoma, asumiera ese iese a su propio líder. El Talibán respondió diciendo que ellos habían cumplido con el requisito coránico de “ahl al-hal o aqd”, que quiere decir literalmente “personas que pueden desatar y amarrar” y por lo tanto tomar decisiones en nombre de la comunidad islámica 44. Algunos altos dirigentes del Talibán le han dicho a Rashid que el mullah Omar fue elegido líder, no por sus habilidades políticas o militares, sino por su devoción y su fuerte creencia en el Islam. Otros dicen que el mullah fue elegido directamente por Dios 45. En 1994, incluso, el mullah afirmó haber tenido una revelación directa de Dios sobre su futuro. 44 Ibíd.; pp. 20 y 24. 45 Ibíd.; p. 23.
ESTADOS UNIDOS COMO NACIÓN FUNCIONALMENTE POLITEÍSTA Este escenario no sólo vuelve a traer a colación aspectos mesiánicos y simbólicos muy significativos —en este caso del líder del Talibán—. Subraya también la minuciosidad con que se tratan las cuestiones de legitimidad religiosa. En una cultura en donde la religión es un valor tan primordial, donde se requieren justificaciones con el Corán o la tradición para tomar decisiones, es poco menos que absurdo pensar que no hayan existido discusiones de alto nivel sobre la legitimidad de matar o no a los llamados pueblos del libro en el contexto de una nueva Jihad. Tomando en cuenta la cantidad de nacionalidades que estaban presentes en el World Trade Center, incluidos árabes y musulmanes, esto sería un requerimiento de jure. Nuestra hipótesis es que necesariamente hubo tales discusiones previas al 11 de septiembre. Las mismas deben haberse centrado en el significado del Islam de respetar la vida de los pueblos del libro. En este caso, una nación de mayoría nominalmente cristiana, Estados Unidos, se habría declarado —y aquí es pertinente de nuevo recordar a Huntington— funcionalmente pagana y politeísta. Los siguientes puntos apoyan esta hipótesis: a) El procedimiento es más sencillo que ir en contra de un claro texto del Corán y arriesgarse a perder legitimidad entre los seguidores devotos. b) Estados Unidos es percibido en gran parte del mundo árabe como una nación idólatra (por su materialismo), profana (por sus actitudes ante ideas de lo sacro), y moralmente disoluta. c) La reformulación sería utilizada no sólo para justificar la acción bélica, sino para ordenarla de acuerdo al más puro Islam clásico. d) Tal postura daría prestigio a Al-Qaeda y al Talibán que lo auspiciaba, con importantes sectores de intérpretes puristas, clérigos tradicionalistas, etcétera en las comunidades árabes mundiales. e) La naturaleza del Islam clásico, a diferencia del cristianismo occidentalizado de hoy, es la orto-praxis. Este último, sin embargo, enfatiza más bien la orto-doxia. El contraste es que una religión enfatiza la práctica como evidencia de fe, y la otra la aceptación intelectual de dogmas correctos. Desde esta óptica, el divorcio entre ética y credo y la inconsistencia entre las acciones y lo que se profesa, son contrarias a la noción misma de religión, en la perspectiva islámica. f) Los datos biográficos existentes sobre Osama, Al-Sawari, el mullah M. Omar y otros altos dirigentes de Al-Qaeda y el Talibán, indican que se tratan de creyentes altamente comprometidos con su fe. Es improbable que para ellos mismos el Corán y la tradición pudieran ser ignorados. g) La tendencia orgánica a la homeostasis empuja a individuos y comunidades a resolver la disonancia cognoscitiva46. En este caso la hermenéutica es un instrumento apropiado para lograr esto. El proceso de reformulación hermenéutica en este caso no estaría dirigido al Corán ni a los hadits, sino más bien a la lectura de la realidad: Estados Unidos es en la praxis un pueblo pagano, idólatra, que además profana un espacio sagrado con sus bases militares en Arabia Saudita. Todos los elementos que harían de la Jihad una lucha legítima y, por ende, un imperativo sacro, estarían allí 47.
46 Para una reflexión sobre la disonancia cognoscitiva en casos de extremismo religioso, véase: Jorge de la Peña y César Mascareñas. “Fanatismo religioso: factores cognoscitivos y neurobioquímicos en los procesos de su génesis”. Revista Académica para el Estudio de las Religiones. (T. IV) México, D.F.: 2002. 47 Motivos de espacio nos impiden tratar el tema de la justificación que se utilizaría en el caso de los judíos, un tema más complejo, y de los niños y mujeres en un contexto de guerra. La aplicación que hacemos al caso de Estados Unidos, sin embargo, puede servir de ejemplo de cómo pueden operar estos procesos hermenéuticos. Al continuar nuestra tesis de la coherencia interna, pasaríamos ahora a la posible justificación del asesinato de árabes musulmanes que murieron en el World Trade Center y que era prácticamente imposible asegurar que no estarían en los aviones secuestrados. Esta manera tan peculiar de “prescindir de la existencia ajena” —como dice Lifton en sus criterios sobre grupos totalitarios— para alcanzar un ideal religioso, en este caso la instauración del reino mundial de un Islam sectario y totalitario, tiene sus raíces principales en una teología particular, no en factores económicos y sociopolíticos que juegan un papel secundario. En una cosmovisión religiosa que combina elementos predeterministas incorporados al Islam en el curso de la historia y que son susceptibles de interpretaciones extremas, si todos los actos —buenos o malos— que haga una persona están de antemano predestinados por Dios, entonces es su inevitable voluntad todo lo que suceda. Sin capacidad de elección ni libre albedrío, el ser humano viene a ser reducido a una versión mecanicista. Mohammed Atta y los otros autores del ataque a las torres gemelas de Nueva York fueron adoctrinados precisamente con esta ideología hasta el último momento: Recuerda que nada de lo que te sucede pudo haber sido evitado y lo que no te ocurrió, jamás pudo haberte pasado. Esta prueba de Dios Todopoderoso es para elevarte y borrar tus pecados48. En Kabul, Afganistán, el ministro de Educación del Talibán dijo esto a una multitud reunida en la mezquita más grande de la ciudad ante las inminentes represalias militares por los atentados del 11 de septiembre: La Jihad es el alma del Islam... Nosotros creemos que el tiempo de morir vendrá cuando Alá lo quiera y no hay honor más grande que el morir como mártir49. Estas ideas fatalistas de la doctrina de la predestinación constituyen eficaces anestésicos para la conciencia, pues todo es inevitable por decreto divino y por tanto no se pudo haber actuado de otra manera. Si un árabe estaba en el vuelo que cayó en Pennsylvania o Washington, era finalmente la inevitable voluntad de Alá que allí estuviera. Más aún, si era un buen musulmán, su muerte era realmente una bendición pues iría después al Paraíso. De esta manera se cierra el círculo y el sistema de creencias continúa manteniendo su consistencia interna. Estas ideologías van acompañadas de la convicción de que el estado islámico ideal, puro, es tal o cual interpretación y que por tanto es esa versión, y ninguna otra, la que tiene asignada la bendición de Alá.
48 Carta a Mohammed Atta. Op cit.
Por ello, ha de ser extendida por medio de esta nueva Jihad, ya que el favor de Alá asegura la victoria sobre obstáculos como la superioridad militar del enemigo, pues se espera una intervención sobrenatural de Dios. En dicha mentalidad tampoco hay lugar para la negociación política con el enemigo, pues es signo de incredulidad en Dios, ni se busca lograr reconocimiento político para obtener dinero y otros beneficios. De esta manera, la lógica política de Occidente se topa de frente con un adversario que actúa contra toda “lógica política”, pero que es plenamente consistente con su sistema de creencias. En la nueva Jihad se tiene la convicción, pues, de que la causa divina finalmente prevalecerá. Todas las naciones se someterán a una teocracia islámica. Pero ¿cuál versión? ¿La dictadura chiíta-marxista que proponía el ayatolla Jomeini en Irán o la versión totalitaria más reciente del Talibán en Afganistán? ¿O la de Al-Qaeda? La realidad es que el mundo está siendo testigo de radicalizaciones sectarias encabezadas por caudillos teocráticos con una estructura doctrinal muy cohesionada que vuelve a este tipo de agrupaciones extremistas y hasta cierto punto ininteligibles para gente ajena al sistema de creencias.
V. CONCLUSIONES: En su obra Terror in the Mind of God, el sociólogo Mark Jergensmeyer ha propuesto un modelo analítico del terrorismo que incluye procesos ascendentes de satanización del enemigo ideológico, y el desarrollo gradual de la idea de una guerra cósmica donde el terrorismo ocurre hasta los últimos estadios 50.
50 Mark Jergensmeyer, Terror in the Mind of God: The Global Rise of Religious Violence. (Berkeley: University of California Press, 2000).
La polarización comienza con la percepción de que la humanidad se ha desviado y de la ausencia de opciones para revertir la situación. Después se pasa a la fase de satanización del enemigo o responsable de la condición del mundo. Jergensmeyer describe por qué y cómo se sataniza, por ejemplo, a Estados Unidos en determinados sectores del mundo árabe. Basándose en entrevistas con terroristas encarcelados, en su mayoría pertenecientes a agrupaciones extremistas islámicas, y en declaraciones de personas que eventualmente cometerían actos de terrorismo, concluye que éstos piensan que Estados Unidos es culpable de los siguientes actos: a) Mantener en el poder a gobiernos árabes que no son islámicos y tratar de destruir a los legítimos movimientos islámicos (El del sheik Omar Abdul Rahaman, sería un ejemplo). b) Crear y propagar una cultura secular moderna. Muchos mullahs enseñan que Estados Unidos es la capital del imperio de Satanás y que promueve a propósito valores inmorales para destruir a otras culturas. c) Al igual que el ayatola Jomeini, muchos musulmanes hoy en día consideran que los líderes económicos de Estados Unidos no tienen creencias religiosas y que eso es muy peligroso. Notemos que el factor religioso, en tensión con el secularismo, ocupa un lugar central en las tres percepciones anteriores. LA GUERRA CÓSMICA El cuarto paso en el análisis de Jergensmeyer es la idea de la guerra cósmica, una guerra en la cual Dios favorecerá al grupo extremista. Por ello y a pesar de toda evidencia contraria, se cree que dicha guerra será ganada. El estadio final de este proceso es el de diversos actos simbólicos, incluyendo actos de terrorismo, donde los que los cometen pueden representar simbólicamente la importancia de la lucha y demostrar su propio poder. El escenario donde se desarrollan dichos actos tiene simbolismos múltiples. Rapoport ha observado que el control de territorio define la autoridad pública y muchos grupos étnico-religiosos han ganado su identidad por su asociación con el control de algunos lugares específicos51. Varias especulaciones se han hecho sobre el simbolismo de la fecha septiembre 11 y del vuelo número 11 de American Airlines que fue el primero en estrellarse contra el WTC, pero aún no se puede concluir nada definitivo. El motivo de las especulaciones tienen que ver con el significado del tiempo y su vinculación con los designios divinos. Espacio y tiempo son importantes símbolos en este contexto52. 51 David C. Rapoport. “Observations on the Importance of Space in Violent Ethno-Religious Strife”. Ponencia sobre violencia y conflictos étnicos en la Universidad de California, Riverside. 28 de abril de 1995. 52 Pues se intersectaría con la voluntad divina que permite o provoca la catástrofe. Las coincidencias numéricas entonces dejarían de serlo, convirtiéndose más bien en un mensaje codificado tanto para iniciados como para observadores del fenómeno con inclinaciones esotéricas. INCREMENTO EN EL NÚMERO DE GRUPOS TERRORISTAS RELIGIOSOS En 1968, de once grupos terroristas importantes en todo el mundo, ninguno fue clasificado como motivado por creencias religiosas. En 1994, nos recuerda Hoffman, se identificó a cuarenta y nueve grupos de terroristas internacionales y se clasificó a un tercio de ellos como motivados por creencias religiosas. En ese mismo estudio la Rand Corporation consideró a estos grupos terroristas motivados por creencias religiosas como los grupos que más probablemente utilizarán armas de destrucción masiva53. Hoffman también dijo que en ese estudio, de la Rand Corporation hubiera habido más grupos terroristas considerados religiosos si se hubiesen contado aquellos motivados parcialmente por credos religiosos. Este terrorismo motivado por creencias, de acuerdo con la politóloga de Harvard, Jessica Stern, tiene sus raíces históricas en actos de asesinato, regicidio, y tiranicidio, como aquellos perpetrados por los Zelotes (Siglo I e. C), grupo judío del siglo primero e. C., y los Ismailis-Nizari (1090-1275 e. C). Sin embargo, de acuerdo con Stern y otros muchos historiadores, en la época moderna el terrorismo había tenido mayormente raíces seculares. No es sino hasta finales del siglo veinte cuando se nota un resurgimiento del terrorismo motivado por las creencias religiosas54. 53 Bruce Hoffman, “Viewpoint: Terrorism and WMD: Some Preliminary Hypotheses, Nonproliferation Review , Spring-Summer, 1997, p.48. 54 Jessica Stern. The Ultimate Terrorists. Cambridge, MA: Harvard University Press, 2001, p.17. Stern coincide con Hoffman en que es más probable que los terroristas motivados por creencias religiosas utilicen armas de destrucción masiva, particularmente biológicas, porque creen que están emulando a Dios o siendo instrumentos para castigar a aquellos que merecen juicios terribles, a través de plagas, por ejemplo. Otra razón es lo que la doctora Stern llama “tensión del milenio” donde la idea es purificar a la actual sociedad decadente para que así pueda surgir una nueva edad de oro para la humanidad. Vinculada con la anterior, está también la necesidad de matar personas en grandes cantidades para lograr dichos propósitos rápidamente. Por ejemplo, cuando terroristas islámicos colocaron una bomba en el World Trade Center, en 1993, de acuerdo con algunos elementos del FBI los terroristas pusieron cianuro con los explosivos. Pero el cianuro se quemó en vez de vaporizarse. Si esto no hubiese sucedido, hubiesen muerto más de 50 mil personas. O sea, decenas de miles de personas parecen haberse salvado debido a un error técnico. Algo similar ocurrió, está comprobado, en el caso de los ataques al metro de Tokio por parte de la secta apocalíptica japonesa La Verdad Suprema55. La habilidad de las agencias de seguridad para investigar y prevenir ataques terroristas en potencia, depende de que se determine y establezca objetivamente con certeza razonable que la violencia terrorista va a ocurrir. Esto es posible solamente si los responsables de analizar estos fenómenos tienen un conocimiento profundo, no sólo de la capacidad logística y financiera, sino de la mentalidad, creencias, estructuras y dinámicas internas de estos movimientos. ¿UN ARMAGEDÓN SECTARIO? En 1999, el investigador Robert Jay Lifton, vislumbró en su libro sobre globalización y terrorismo, una humanidad cada vez más polarizada e inmersa en conflictos totalitarios y un aumento de conflictos apocalípticos, con sectas religiosas extremistas jugando papeles cada vez más notorios56. De acuerdo con este escenario, Lifton no descarta la posibilidad de un Armagedón nuclear provocado por gurús totalitarios, motivados por teologías dualistas y extremas. Los resultados de las investigaciones de quien es considerado un pionero en el ámbito del totalitarismo, dictaduras militares y manipulación religiosa, fueron en su momento ciertamente perturbadores. Para otros, escenarios tan sombríos se antojaban como mera ficción e incluso alarmistas. Después de la mañana del 11 de septiembre de 2001, nadie tiene dudas del insospechado impacto que los proyectos teocráticos militarizados pueden tener para el curso de la historia contemporánea.
55 Ibíd.; p. 76.
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» Dra. Lourdes Argüelles. Profesora de Educación y Estudios sobre la Mujer en Claremont Graduate University, California. Cursó el doctorado en estudios interdisciplinarios sociales en la Escuela de Educación de New York University. Realizó su posdoctorado en leyes y psiquiatría por la Universidad de York, Canadá, y posteriormente se especializó en estudios étnicos en el Centro de Investigaciones sobre Estudios Chicanos de la Universidad de California, Los Angeles. Con amplia experiencia como psicoterapeuta con refugiados políticos, víctimas de tortura y terrorismo, la Dra. Argüelles tiene una vasta y reconocida trayectoria en la defensa de los derechos humanos de inmigrantes latinos y refugiados. Su conocimiento del budis mo y extenso trabajo de campo en la India, China, Tailandia y Burma, la han llevado a especializarse en los últimos años en el estudio de filosofías y espiritualidad orientales. Además de la cátedra, ocupa en la actualidad el cargo de Presidente del Comité Ejecutivo de la Facultad de su universidad. Dr. Jorge Erdely. Licenciado en Ciencias Biológicas egresado de la Universidad de M.H.-Baylor, Texas. Doctor en Filosofía (Ph.D.) con especialidad en idiomas semíticos, realizó el posdoctorado en teología en la Universidad de Oxford, Inglaterra. Es autor y editor de más de doce libros especializados en el tema, entre los que destacan Terrorismo Religioso, un análisis sobre el 11 de septiembre, Suicidios Colectivos: rituales del nuevo milenio, y Sectas Destructivas: un análisis científico. Entre otras, es miembro de la American Academy of Religión y director académico del Centro de Investigaciones del Instituto Cristiano de México. |