Capítulo Siete

Los Medios de Comunicación y La Luz del Mundo:
contrastes y Coincidencias con el Caso de Los Legionarios

Dr. Salvador Guerrero Chiprés[*]

 

Introducción

En el último año, dos hechos inéditos en el escenario religioso de nuestro país se han destacado por su trascendencia en términos políticos, sociales y en los medios de comunicación: El caso del fundador de los Legionarios de Cristo y el de Samuel Joaquín, máximo dirigente de La Luz del Mundo.  En el primer suceso han sido relevantes dos cosas: la contundencia de los señalamientos por abuso sexual a menores y uso de drogas, específicamente morfina; también destacó la impresionante maquinaria de influencias que se echó a andar por la organización para evitar casi totalmente, la difusión de dicha noticia. Señalamientos ante los cuales la orden religiosa diseñó una estrategia de completo silencio ante la opinión pública y de descalificación de las críticas ante la jerarquía católica. La credibilidad y reputación de los declarantes, la sobriedad y congruencia de las afirmaciones y un sinnúmero de puntos más, hacían idóneas las fuentes de información y exigían una discusión pública del tema por la trascendencia de lo que implicaban.

Con Samuel Joaquín el caso fue diferente: existían casi los mismos elementos de credibilidad indispensables para un reportaje, pero faltó algo: una red de influencias como la de los Legionarios que pudiera influir en los medios de comunicación. El resultado todos lo conocemos. El caso Maciel fue abordado en México sólo por dos medios nacionales (el diario La Jornada y Canal 40); el de La Luz del Mundo tuvo una cobertura sin precedentes que sigue hasta la fecha, y que ha tenido un importante impacto social. ¿Qué fue lo que determinó el trato inequitativo de dos casos prácticamente idénticos? y ¿qué significa esto en el contexto de una sociedad que ya comienza a exigir cuentas a los actores del campo religioso?

Colaboradores Involuntarios  a la Transición Democrática

La aportación de la Iglesia La Luz del Mundo a la peculiar transición democrática que vive nuestro país no puede desatenderse u obviarse. No lo digo con ironía. El hecho de que alguno de sus miembros más notables, sus principales dirigentes y ex miembros se hayan aventurado a compartir con un amplio sector de la opinión pública sus métodos de crecimiento, persuasión, ritos de secrecía, estrategias de relaciones públicas, mecanismos de control y poder y su singular propuesta de expansionismo religioso, algún día formarán parte de la antología mexicana de personajes y sucesos de mayor riqueza provocativa.

En primer lugar, la amplia difusión que consiguieron los denunciantes de Samuel Joaquín, revela, para empezar, disposición de al menos tres influyentes medios de comunicación de corresponder con su función social de constituirse en voz de los que no la tuvieron o aún no la tienen.

Paradójicamente, esto demuestra también que estamos ante una Iglesia que no tiene todos los amigos y respaldos de que gozan otros organismos religiosos, destacadamente, por ejemplo, la poderosa congregación de los Legionarios de Cristo, cuya principal figura, el padre Marcial Maciel, no figuró en las prioridades periodísticas más que de La Jornada y Canal 40, a pesar de la trascendencia y contundencia de los hechos que se le imputaron y de que fue designado por el papa Juan Pablo II, como el único miembro no obispo del grupo organizador del importante Sínodo de las Américas, realizado entre el 15 de noviembre y el 12 de diciembre de 1997.

Las denuncias que incriminan por abuso sexual a Maciel no eran nuevas. Se mencionaban discretamente desde hace casi cincuenta años en España, Italia, Irlanda y Estados Unidos. Lo nuevo fue que en México un diario de influencia nacional se atreviera a iniciar el escrutinio local del asunto con cobertura de primera plana.

Los Legionarios: El tabú del Censor Eficiente

Publicado un mes antes que las denuncias contra el llamado Siervo de Dios, que según sus seguidores y propagandistas es Samuel Joaquín Flores, líder de La Luz del Mundo, las acusaciones de abuso sexual con respecto al padre Maciel fracturaron en México un tabú: el de que dicho sector de la elite de la Iglesia Católica no sería nunca destinatario de denuncias públicas. Considérese al respecto que actualmente se atribuye precisamente a los Legionarios de Cristo ser los encargados de comunicación social del Arzobispado de México y que entre sus estrategias prioritarias figura no sólo el abrir espacios en los medios, sino muy especialmente el tratar de controlar cualquier crítica emitida hacia la jerarquía católica. Más de un reportero asignado a la fuente religiosa ha sido testigo de los singulares métodos de privilegiar información a aquellos que publican notas que son consideradas favorables. Más de un reportero también ha visto bloqueada su labor, por los peculiares mecanismos de presión cupular que han sabido ejercer los operadores de comunicación social de los Legionarios.

Acerca del caso del padre Maciel, este reportero pudo comprobar cómo algunos bienintencionados conductores de algunos programas intentaron retomar el asunto o abordarlo por primera vez y no pudieron hacerlo. En un par de ocasiones, entrevistas programadas para que el reportero explicara sus impresiones sobre el tema fueron canceladas sin ninguna explicación. Esto ocurrió cuando los periodistas anfitriones comprendieron o se les hizo entender, la intrincada red de intereses de poder que giran alrededor del fundador de los Legionarios.

En el caso de Samuel Joaquín Flores, la situación fue distinta.

En Guadalajara y en la ciudad de México, al menos seis ex integrantes de La Luz del Mundo que abandonaron esa Iglesia en el curso de los últimos años consiguieron contactar a representantes de La Jornada, El Universal y Televisa.

En diferentes momentos platicaron ampliamente con ellos, entregando pruebas documentales de hechos relevantes que forman parte del contexto de sus denuncias y que avalan sus testimonios.

Las víctimas estuvieron siempre dispuestas a responder cualquier pregunta de los reporteros, a pesar de las situaciones traumáticas que los informadores les hicieron recordar, en su afán de poner a prueba sus testimoniales y garantizar así el profesionalismo con que los reportajes requerían ser presentados.

Intolerancia y Manejo de Imagen Institucional

Por otra parte, este reportero conoció a los voceros de La Luz del Mundo hace algunos meses, durante un desayuno organizado en el hotel Fiesta Americana. La conferencia de prensa era una respuesta a diversos cuestionamientos vertidos en el noticiario Hechos de la noche, de TV Azteca, acerca de la organización, en relación con la potencialidad suicida de algunos de sus miembros. Esto, en el contexto de la tragedia de La Puerta del Cielo, en California, y a raíz de las declaraciones de un investigador basadas en un estudio de campo hecho con integrantes de La Luz del Mundo en 1995.

En esa ocasión, los voceros de la organización se concentraron en proporcionar datos que supuestamente avalarían su crecimiento exponencial con un millón y medio de miembros en México, por lo que afirmaban ser la segunda asociación religiosa en importancia por su número.

Destacó entonces la intención de evidenciar su poder concentrador de voluntades y recursos, pues habría “centenares” de edificios en construcción para ampliar su labor religiosa y proselitista en los más de veinte países donde afirman tener una influencia creciente.

En dicha reunión sobresalió, asociada a esa premisa de crecimiento abrumador, “con tasas de hasta 15 por ciento anual”, el argumento de que los representantes de otras iglesias los miraban “con envidia” y de que incluso, se había generado un movimiento de personajes y organizaciones, con el fin de criticarlos para “frenar su crecimiento”.

Estos últimos serían aquellos a los que La Luz del Mundo llama “promotores de la intolerancia”, es decir, aquellos que, en su opinión, critican a La Luz del Mundo solamente por ser distinta.

La tesis, presentada así, parecía razonable. Sin embargo, después pasaría a ser una muestra de que tras la queja por “la intolerancia” había la defensa de una ciudad amurallada, de una forma de vida que protege a hombres con un poder extraordinario: aquellos dedicados a utilizar y manipular la vida de otros para satisfacción de aspiraciones y apetitos que “son naturales en los grandes hombres” como, digamos, Alejandro Magno y el Rey Salomón con su harem: personajes enormemente admirados por Samuel Joaquín.

Contrastes entre las Estrategias de Maciel y Samuel Joaquín

Después de las revelaciones acerca del lado oscuro de la vida íntima del padre Maciel, Joaquín Flores apareció gracias a testimonios y evidencias contundentes, como una especie hedonista de la misma familia, pero más hecho en México que el sacerdote de amplia movilidad entre las elites conservadoras de dos continentes: el superior general de los Legionarios de Cristo.

Samuel se mostraba además con menos habilidad para controlar y manipular a sus subordinados, la mayor parte de ellos alejados en sus personas y familias de las corrientes principales de información a través de los medios de comunicación y de ingreso, con procedencia sobre todo de sectores marginados, a diferencia de los estratos sociales de los que Maciel reclutó a las primeras generaciones de sus sacerdotes, administradores y líderes de influencia.

Pero ambos personajes compartían una cercanía con el poder ansiosamente construida. Samuel Joaquín continuaba y extendía el vínculo con lo que en tiempos de la fundación de La Luz del Mundo era efectivamente la parte ganadora de la familia revolucionaria: el PRI-gobierno.  Le tocó exigir una nueva cuota de poder.  Fomentó la creación de la Federación Nacional de Colonos en Provincia, instancia política de su Iglesia, afiliada a la CNOP del PRI, un trampolín propio que llevó a uno de sus ministros a la diputación federal apenas en la pasada Legislatura. Lo que sería parte de los premios por cuatro décadas de aportar votos y multitudes de fieles para mítines políticos a cambio de complicidad silenciosa en materia de obtención de terrenos, propiedades, manipulación de servicios y de íntimas voluntades que han sido aludidas o directamente mencionadas en materiales informativos en El Financiero de Occidente, Siglo 21 y el libro de Renée de la Torre, Los Hijos de la luz: Discurso, identidad y poder en La Luz del Mundo.

Por su parte, Marcial Maciel tuvo un rápido acceso a los niveles más altos de poder político, económico y social en México y después —a través de la cercanía que conquistó con dos pontífices— a las elites de varios sectores conservadores del catolicismo americano y europeo.

Coincidencias: La Enfermedad como argumento  para obtener favores Sexuales

En las narraciones de sus denunciantes, tanto en el caso de La Luz del Mundo como en el del padre Maciel, son especialmente llamativos los detalles en que coinciden por separado quienes se atrevieron a enfrentar a los que antes consideraban representantes de Dios en la Tierra.

La loción favorita de Samuel Joaquín es Vetiver. Su gusto por la preparación de jovencitas, ahora convertidas en mujeres de más de treinta años, invitadas, presionadas u obligadas a sostener diversas prácticas sexuales, se llevan a cabo por lo general en los mismos escenarios: la tina y sus aromas, la cama con sus lujosos pliegues en la llamada Casa Grande; la compañía vigilante de terceras damas, asociadas a su círculo de toma de decisiones son coincidentes en los relatos. El uso de la argumentación religiosa también es prominente en el caso de las víctimas de Maciel —solicitudes de masaje a menores de edad para aliviar dolores que culminarían ocasionalmente en diversos tipos de contacto sexual, mediante ayudas mecánicas para extraer muestras de semen para exámenes médicos—. Samuel, por su parte, aduciría migrañas y tensiones nerviosas —por lo que necesitaba de fieles devotas que provocaran alivio a través de atenciones íntimas.

La Tesis Conspirativa como Mecanismo de Defensa

Al igual que los defensores de Maciel —estos últimos silenciosos y artífices de estrategias de defensa dentro de la Iglesia; nunca de cara a la opinión pública—, los de Samuel Joaquín también acuñaron el argumento de “una conspiración” para intentar desacreditar las puntuales denuncias que afloraron en este año, con más fuerza que en otras décadas. Anteriormente, el liderazgo había logrado cooptar, acallar o reincorporar a sus críticos, mediante el estilo que el PRI enseñó durante décadas a la sociedad en lo que respecta al trato con la oposición.

Y es aquí en donde se encuentra una aportación central de La Luz del Mundo, pues involuntariamente se muestra como ejemplo de una Iglesia dispuesta a entrar, así sea de manera disminuida y escenográfica, en diálogo indirecto con sus críticos.

La Secrecía para custodiar lo Sacro

El caso de La Luz del Mundo es también, como involuntariamente fue la publicación de las denuncias de Maciel en La Jornada, el anuncio de una nueva época en México en que las iglesias y sus principales dirigentes y líderes, como está ocurriendo con otras instituciones, estarán sujetas progresivamente a un mayor escrutinio público.

El hecho estaba formalmente anunciado desde la promulgación de la nueva Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, en 1992. Ya décadas antes, en todas las comunidades del país era del dominio público, aunado a las anécdotas de confesionario, el dicho de que los sacerdotes “no son ningunos santos” y que la gente no espera de ellos tanto la santidad que predican como el cumplimiento de una labor comunitaria y social que los hace aceptables y hasta amados por poblaciones enteras cuando se desempeñan con integridad, compromiso y en ocasiones hasta con valentía.

Esto no es una suposición, este reportero ha recogido testimonios desde hace muchos años, incluso de manera accidental, sobre los abusos de sacerdotes en Michoacán, Guanajuato y Jalisco; en el centro del conservadurismo religioso de donde a propósito, tanto Samuel Joaquín como Marcial Maciel son simultáneamente un resultado político y cultural.

Hablar de sacerdotes comunes que delinquen o de líderes menores de otras religiones que cometen crímenes es, digamos, tratar con la infantería. Allí la denuncia, la crítica y el señalamiento se pueden tolerar. Los ilícitos se transforman en parte del refranero cotidiano. Pero otra cosa es hablar de los principales jerarcas de las iglesias. Es allí donde el espíritu corporativo de las agrupaciones cierra filas y está dispuesta a caer en cualquier incoherencia, cuando no crímenes, con tal de defender las supuestas bondades de sus líderes. Ellos son a fin de cuentas, la piedra angular del edificio, de los intereses, patrimonios, y coherencia ideológica que se prefiere privilegiar antes que permitir el desarrollo de la duda y correr así el riesgo de encontrar evidencias que resquebrajarían o modificarían la relativa seguridad institucional lograda.

Samuel Joaquín Flores es un hombre que intenta ubicarse, al igual que Maciel, fuera de la escena central, aunque sea conocido que tras bambalinas es el personaje que mueve todos los hilos.

Samuel se desplaza con facilidad y despliega su personalidad y proyectos mediante una amplia gama de recursos y relaciones. No es un personaje fácil de encontrar y menos aún de ser entrevistado.

Maciel y Samuel Joaquín, evidentemente, no privilegian su trato directo con la prensa, lo cual hay que reconocer en el caso del arzobispo Norberto Rivera Carrera, quien con desplantes y hasta agresiones, como sucedió recientemente, está dispuesto a enfrentar preguntas en circunstancias incómodas.

En contraste, en algún momento los líderes religiosos multicitados en este comentario decidieron que jamás permitirían ese tipo de acercamientos.  Posiblemente, en el futuro, algún reportero o historiador podrá determinar en qué momento se decidió crear un grupo especial dedicado al cuidado de la imagen de los líderes fundadores de estas instituciones.

Marchas al Estilo del PRI vs Conspiraciones Financieras

Otro ingrediente diferencia significativamente criterios y estrategias de defensa entre los casos citados.

El 29 de octubre del año en curso, en un mitin que los propios organizadores calificaron como “histórico”, alrededor de 6 mil integrantes de La Luz del Mundo, se manifestaron ante la Secretaría de Gobernación. En rigor, y a pesar de que se presentó sólo 20 por ciento de las personas que según el boletín de prensa de la organización participarían en el plantón, se trató de una experiencia inédita: el primer mitin convocado en defensa de la reputación de un líder religioso en México.

Acudir a la movilización abierta y exigir ante las autoridades su intervención contra lo que oradores y mantas llamaron “el fanatismo de la intolerancia” es un recurso impensable en el caso de los Legionarios de Cristo. La directiva de la orden católica prefirió realizar su campaña de defensa en el seno de la Iglesia, constantemente subrayó que todo era una calumnia, inventó que había una conspiración “de jesuitas” o que todo resultaba de un intento maquiavélico planeado desde el FMI y el Banco Mundial que había canalizado efectivo para pagar “la campaña contra Mon pere”.

Maciel resultó ampliamente respaldado con la designación del papa Juan Pablo II, quien lo convirtió en el único miembro sin grado jerárquico de obispo del grupo de 21 organizadores para el Sínodo de las Américas. El fundador de los Legionarios, en el clímax de su habilidad, consiguió respaldarse en el centro del poder eclesial de su organización para dar una respuesta indirecta a sus impugnadores.

Por su parte, Samuel Joaquín Flores acudió a reclamar públicamente, de manera indirecta a través de la manifestación organizada por su yerno y vocero de La Luz del Mundo, Daniel Núñez, y por el ex diputado federal del PRI, Rogelio Zamora Barradas, el respaldo de Gobernación. Este respaldo se materializaría en la interrupción momentánea del juicio que en esta dependencia se sigue en su contra, particularmente en cuanto a un posible citatorio a declarar personalmente por los ilícitos que se le imputan. Colocando aparentemente, dentro del juego de presiones, un contrapeso a sus denunciantes: si ellos nos denuncian a través de los medios, yo organizo un mitin y los acuso a ellos de intolerancia.

Durante la mencionada manifestación, coincidente en mucho de su estrategia con maniobras clásicas del PRI, Zamora Barradas dijo a este reportero: “Ésta es la respuesta a muchas preguntas”. Este informador le respondió que se trataba más bien de una muestra de capacidad de movilización.

Al finalizar el mitin, este reportero preguntó al vocero Daniel Núñez si en el helicóptero que sobrevolaba la manifestación no estaba Samuel Joaquín. “No. Está en un submarino”, respondió un poco molesto y de inmediato el también principal orador de La Luz del Mundo en dicha manifestación.

Conclusiones: La Transparencia de los Actores del Campo Religioso como una Nueva Exigencia Social

La nueva época de escrutinio que se ha inaugurado para las iglesias vive una etapa incipiente. Anuncia, sin duda, búsqueda y hallazgo.  La prensa misma está sujeta a una exigencia cada vez más fuerte para probar la veracidad de lo que publica. En el caso del padre Maciel y del Siervo de Dios, Samuel, se cuenta con testimonios, dispuestos a toda prueba, de los respectivos denunciantes.

Por parte de La Luz del Mundo ha habido acercamientos con algunos informadores para tratar de modificar lo que consideran un “prejuicio infundado”, diseminado por investigadores que califican de “fiscales de la intolerancia religiosa” a quienes acusan de encabezar “complots” animados por la “envidia” que tienen el objetivo “de frenar el rápido crecimiento de La Luz del Mundo”, o aun con el fin de “exterminarlos”.

Como se ha dicho en otra ocasión, los intentos por modificar la percepción que muchos comunicadores tenemos sobre lo que ocurre al interior de esa organización religiosa será infructuoso mientras no se permitan acercamientos directos con el señalado como responsable de cometer abusos sexuales cuasi rituales a través de manipular conceptos de “autoridad sacralizada”.

En esta época, las exigencias de transparencia de la opinión pública no consideran de la misma calidad la declaración de un vocero o un abogado que la del propio acusado cuando se trata de una acusación penal. Lo mismo ocurre en el periodismo. Nunca será lo mismo una entrevista directa con el líder que es cuestionado, que con su representante. Los diálogos indirectos, sin embargo, constituyen aunque sea un tímido avance, en contraste con la absoluta cerrazón en el caso de la elite de Los Legionarios de Cristo.

 

[*] El autor, Salvador Guerrero Chiprés, es doctor en ciencias políticas con especialidad en Ideología y Análisis de Discurso por La Universidad de Essex, Inglaterra. Egresado de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM , ganó el Premio Nacional de Periodismo 1997 por sus reportajes sobre temas religiosos para el diario La Jornada.